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Observer

Israel debería evacuar a los judíos de Irlanda

Los políticos irlandeses demonizan abiertamente a los judíos y la creciente complacencia con el antisemitismo hace inevitable el derramamiento de sangre.

Michael Rubin está especializado en Irán, Turquía y el Cuerno de África. Su trayectoria incluye una etapa como funcionario del Pentágono, con experiencia sobre el terreno en Irán, Yemen e Irak, así como contactos con los talibanes antes del 11-S. Rubin también ha contribuido a la formación militar, impartiendo clases a unidades de la Marina y del Cuerpo de Marines de Estados Unidos sobre conflictos regionales y terrorismo. Su obra académica incluye varias publicaciones destacadas, como “Dancing with the Devil” y “Eternal Iran”. Rubin obtuvo su doctorado y su máster en Historia, así como una licenciatura en Biología, por la Universidad de Yale.

The Star of David hexagram window at the top of the Intercontinental Hotel, Ballsbridge, Dublin.
El ventanal con la estrella de David en lo alto del hotel Intercontinental de Ballsbridge, Dublín. · Shutterstock

El periodista austrohúngaro Theodor Herzl creció convencido de que los judíos podían y debían integrarse en la sociedad europea, pero el caso Dreyfus en Francia le convenció de que el antisemitismo lo hacía imposible. En 1896 publicó Der Judenstaat, en el que defendía que solo una patria judía podía resolver la cuestión judía. Herzl concebía el Estado judío como un lugar donde los judíos pudieran refugiarse de la persecución y disfrutar, a la vez, de dignidad y de una identidad nacional. En 1897 presidió el Primer Congreso Sionista y, a continuación, fundó la Organización Sionista Mundial. Hoy se le recuerda como el padre fundador del sionismo.

Herzl murió en 1904, décadas antes de que su sueño se hiciera realidad, pero Israel sí cumplió el propósito con el que él soñaba. Cuando los Estados árabes expulsaron en masa a sus judíos, Israel les dio refugio. Lo mismo sucedió con la caída de la Unión Soviética, cuando los judíos llegaron en tropel a Israel desde Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Kazajistán, Uzbekistán y otras antiguas repúblicas soviéticas.

Israel no espera pasivamente la llegada de judíos acosados; ya en sus primeros años mostró voluntad y capacidad para rescatarlos. En 1949-50, el nuevo Estado puso en marcha la Operación Alfombra Mágica para rescatar a los judíos de Yemen, trasladando a Israel a 49.000 judíos yemeníes. Cuando el secretario de Estado Henry Kissinger negoció los Acuerdos de Argel, que traicionaron a los aliados kurdos iraquíes, el Mosad ayudó a rescatar a los judíos kurdos. En 1984-85, Israel lanzó la Operación Moisés. El Mosad, la Agencia Central de Inteligencia y las Fuerzas de Seguridad sudanesas colaboraron para evacuar a 8.000 judíos etíopes que sufrían una discriminación creciente bajo el Derg, el régimen comunista de Etiopía. En 1991, mientras el Derg se derrumbaba y las fuerzas rebeldes se acercaban a la capital etíope, Israel emprendió la Operación Salomón, una misión peligrosa pero eficaz para evacuar por aire desde Adís Abeba a más de 14.000 judíos etíopes que aún quedaban. En 2021, un país árabe ayudó a Israel a evacuar a buena parte del centenar de judíos yemeníes que habían quedado atrás décadas antes, muchos de los cuales se asentaron después en El Cairo.

Mientras el antisemitismo vuelve a extenderse por Europa —sobre todo en Irlanda, España y Noruega—, Israel quizá debería plantearse organizar otro rescate. Del mismo modo que Israel no pudo contar con Yemen, Irak y Etiopía en sus rescates del siglo XX, podría pedir ayuda a Estados Unidos, como hizo con la Operación Moisés.

Que Irlanda sea hoy el país más peligroso de Europa para los judíos no debería sorprender. Durante la Guerra Fría, el Ejército Republicano Irlandés se entrenó con una pléyade de grupos terroristas antiisraelíes. Desde la presidencia de Mary Robinson, Irlanda ha legitimado, cuando no asumido tácticamente, el antisemitismo. En el último año, el antisemitismo ha alcanzado cotas sin precedentes y ha puesto en riesgo inmediato a los 2.200 judíos del país.

Según el Consejo de Representación Judía de Irlanda (Jewish Representation Council of Ireland), solo en el segundo semestre de 2025 se registraron 143 incidentes, que van desde insultos y vandalismo hasta amenazas, exclusión y agresiones. Al Gobierno irlandés no le importa; no cuenta con ningún sistema para registrar incidentes antisemitas. Llevar una estrella de David se ha convertido en una invitación a ser agredido. Taxis y comercios irlandeses niegan el servicio a judíos o israelíes sin consecuencia alguna. Cerca de Ardee se pintaron en una carretera esvásticas y una estrella de David con la palabra «Rata»; un periódico local informó de que era el undécimo incidente de ese tipo. El gran rabino de Irlanda ya había denunciado pintadas con «Kill Jews» y «Zionists out of Ireland». Los vándalos han atacado tanto el Museo Judío como la sinagoga de Belfast.

El antisemitismo se ha instalado en la corriente principal de la política. La concejala del Fine Gael Punam Rane declaró en el Ayuntamiento de Dublín que «the entire U.S. economy is ruled by the Jews, by Israel». El concejal dublinés Philip Sutcliffe, exolímpico irlandés, publicó un vídeo con imágenes de Hitler en el que pedía una «real final solution» contra los judíos «satanic». Después ofreció una disculpa que no lo era, diciendo que «probably shared something I shouldn’t have». El parlamentario del Sinn Féin Johnny Guirke dijo de los israelíes: «They are the Nazis of the modern world, a disgusting Zionist regime of supremacist beings, who attack every stand against them as anti-Semitic… . Most of the world are just plain sick of this victimhood.» En el mismo debate, Colm Burke, del Fine Gael, comparó Gaza con el gueto de Varsovia.

Después de que el Celtic Marine Bar colgara una pancarta anunciando la prohibición de entrada a «all Zionists», el negocio se disparó. Otros bares siguieron su ejemplo.

El presidente Michael D. Higgins despachó las advertencias del embajador israelí sobre el antisemitismo como un «PR exercise» y afirmó que «there is no evidence» de que los judíos estuvieran en peligro. Catherine Connolly, su sucesora y actual presidenta de Irlanda, ha llamado a Hamas «part of the fabric of the Palestinian people.» No aludió ni a la matanza de otros palestinos a manos del grupo ni al programa genocida que Hamas expuso en su covenant y en declaraciones posteriores. El taoiseach [primer ministro] Micheál Martin también niega que Irlanda tenga un problema de antisemitismo, incluso cuando el capitán de la selección irlandesa de fútbol se negó a estrechar la mano de su homólogo israelí, y el equipo irlandés protestó durante el himno nacional de Israel.

En mayo de 2026, el Herbert Park Hotel de Dublín habría cancelado sin explicación un bloque de 70 habitaciones reservado para una conferencia de Special Envoys and Coordinators Combating Antisemitism (SECCA), después de que el gerente del hotel preguntara, de forma estrambótica, si el ejército israelí iba a participar.

Los judíos de Irlanda se enfrentan al mismo tipo de discriminación, hostigamiento y persecución que sufrieron en Yemen a finales de los años cuarenta y en Etiopía en los años ochenta. Políticos irlandeses demonizan abiertamente a los judíos, los tratan como ciudadanos con doble lealtad y les atribuyen una culpa colectiva. Los políticos promueven boicots de corte nazi y exculpan a quienes señalan a los judíos como objetivo de la violencia. Mientras los irlandeses, con una suficiencia racista, se consideran más ilustrados que el Reino de Yemen y el Derg etíope, y se creen árbitros de la moral, se han vuelto moralmente ciegos. La inacción irlandesa y la indulgencia creciente con el antisemitismo hacen inevitable el derramamiento de sangre antisemita, porque las turbas azuzadas por sus dirigentes nunca optan por la contención.

Los planificadores israelíes no deberían convencerse de que los judíos están, de algún modo, más seguros en Europa que en cualquier otro lugar, ni de que las turbas europeas son menos violentas que las árabes o las africanas. Como mínimo, los responsables de planes de contingencia deberían determinar si saben dónde viven los judíos en Irlanda y qué aeronaves o buques necesitarían para evacuarlos. El ejército irlandés, como el de Yemen y el de Etiopía, probablemente no cooperaría, pero es impotente. Israel o Estados Unidos podrían habilitar una base de operaciones para hacer aterrizar Ospreys o helicópteros que trasladaran a los judíos irlandeses a un lugar más seguro mar adentro, quizá la Isla de Man, antes de continuar viaje a Israel o Estados Unidos.

Nunca está de más estar preparados. Quizá la propia preparación despertaría a los irlandeses y les haría ver en qué se han convertido realmente y hasta qué punto el mundo exterior reconoce un problema que ellos niegan.

Leer el original en inglés: Israel Should Evacuate Jews from Ireland