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Observer

Irán busca venganza por la muerte de Jamenei

Vengar la muerte del líder supremo en la guerra es política de Estado, y así lo reflejan los medios y los cargos iraníes.

Shay Khatiri es investigador sénior del Yorktown Institute (Instituto Yorktown) y también investigador del Rainey Center (Centro Rainey).

Mourners in the streets of Tehran for Supreme Leader Ali Khamenei's funeral.
Dolientes en las calles de Teherán durante el funeral del líder supremo Ali Jamenei. · Shutterstock

La delegación de la República Islámica visitó Nueva York entre el 22 y el 26 de septiembre de 2026 para participar en la Asamblea General anual de las Naciones Unidas. Al margen, se reunió con los enviados diplomáticos del presidente Donald Trump, Jared Kushner y Steve Witkoff, y ofreció un acuerdo de alto el fuego, que Trump rechazó. Aunque la Administración Trump parece ansiosa por encontrar una salida para poner fin a la guerra, nada indica que ambas partes hayan abordado lo que quizá sea el punto más importante para los dirigentes iraníes.

El primer ataque de la guerra provocó la muerte del líder supremo Alí Jamenei, y la República Islámica sigue comprometida con vengarlo. Los principalistas, a menudo etiquetados como duros en el discurso occidental, trataron de desacreditar las negociaciones del verano y el Memorando de Entendimiento resultante, alegando que un alto el fuego supondría pasar por alto la venganza. El destacado periodista Mohsen Mehdian preguntó: «¿Y qué pasó con el desquite por nuestro imán mártir?». El clérigo militar Alí Shirazi afirmó: «Vengar [a Jamenei] es la principal demanda de la nación iraní».

Finalmente, el 11 de julio de 2026, Irán emitió un comunicado, bajo el nombre del líder supremo Mochtaba Jamenei, para calmar las inquietudes. En él se elogiaban las virtudes de su difunto padre, se invocaba el fervor de la batalla de Kerbala del año 680 d. C. y luego se dirigía al fallecido: «Prometemos vengar tu honrada sangre y la de todos los mártires de estas dos guerras frente a los asesinos criminales y desvergonzados. Esta venganza es la voluntad de nuestra nación y debe ocurrir sin duda alguna».

Si está vivo, Mochtaba tiene un motivo personal para vengar la muerte de su padre, como hijo que cuenta con los recursos de un Estado bajo su mando. También tiene sentido imponer la disuasión frente a la decapitación como cuestión de política. Al margen de quién escribiera esta carta, ahora es política de Estado, y los medios y los cargos iraníes así lo reflejan.

Cuatro días después de la declaración de Mochtaba, el ayatolá Alireza Arafi, el poderoso responsable de los seminarios que formó parte del Consejo Interino de Liderazgo Supremo, hizo comentarios aclaratorios sobre el Memorando de Entendimiento y la cuestión sin resolver del asesinato de Jamenei: «Pedir venganza y desquite por el imán mártir y los demás mártires de las dos guerras recientes es una cuestión necesaria y segura, no depende de las idas y venidas de individuos y administraciones, y ocurrirá con toda certeza». La política de Estado de Irán es, por tanto, de venganza contra Estados Unidos e Israel —no solo contra individuos—, incluso después de que Trump y el primer ministro Benjamin Netanyahu dejen el cargo.

Las perspectivas de un nuevo acuerdo han reavivado la cuestión de la venganza. El 25 de septiembre de 2026, Abolfazl Shekarchi, el portavoz principal de las fuerzas armadas, declaró: «No perdonaremos a los asesinos del imán mártir ni a los de los niños de Minab ni siquiera después de la guerra, y ejecutaremos sus sentencias». El periodista de la facción Paydari Meysam Nili atacó ese mismo día al presidente reformista Masud Pezeshkian: «El pueblo de Irán busca sin duda la venganza y la muerte de ese cerdo amarillo y derramar la sangre de todos los asesinos del imán mártir y de los niños de Irán», dijo.

No se trata de una postura unánime. La Agencia de Noticias de la República Islámica, supervisada por el Gobierno de Pezeshkian, realizó un «estudio» de las 57 veces en que Alí Jamenei mencionó la venganza. Concluyó que, la mayoría de las veces, Jamenei asociaba la venganza con algo que hace «el enemigo», mientras que Alí ibn Husayn, el cuarto imán chií e hijo de Husayn ibn Alí, no buscó vengar a su padre. Sin embargo, esta visión, sea mayoritaria o minoritaria dentro del régimen, es una voz apagada.

Irán ya intentó antes asesinar a Trump y a otros cargos estadounidenses por haber matado al general Qasem Soleimani en enero de 2020. Seguirá haciéndolo con mayor rigor; además, los comentarios de Arafi apuntan a que los futuros presidentes tampoco serán inmunes.

Lo que esto significa para los negociadores estadounidenses es sencillo. En lugar de eludir la cuestión, cualquier acuerdo para poner fin de forma permanente a las hostilidades debería exigir de manera explícita que Irán renuncie a la venganza contra estadounidenses e israelíes.

Leer el original en inglés: Iran Seeks Revenge for Killing of Khamenei