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Observer

Irán ve a los Emiratos Árabes Unidos como enemigo junto a Estados Unidos e Israel

La relación de Irán con los Emiratos parece alcanzar un punto de no retorno.

Shay Khatiri es investigador sénior del Yorktown Institute (Instituto Yorktown) y también investigador del Rainey Center (Centro Rainey).

Skyscrapers in Abu Dhabi, the capital of the United Arab Emirates.
Rascacielos en Abu Dabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos. · Shutterstock

Dos incidentes recientes han reavivado la ofensiva diplomática de la República Islámica de Irán contra los Emiratos Árabes Unidos. En primer lugar, el 25 de septiembre de 2026, la funcionaria emiratí Reem Ibrahim al Hashimi renovó las reivindicaciones de su Gobierno sobre tres islas del golfo Pérsico bajo control iraní.

El viceministro de Asuntos Exteriores de Irán, Kazem Gharib-Abadi, respondió que las islas Tunb Mayor y Tunb Menor y Abu Musa son «una parte inseparable del territorio de Irán» y aconsejó que los emiratíes, en cambio, «muestren compromiso con la buena voluntad vecinal y acepten las realidades históricas y jurídicas de la región».

Se trata de un asunto delicado que ni siquiera la oposición al régimen acepta. El sah Mohammad Reza Pahlevi se apoderó de las islas en 1971, cuando los británicos se retiraron. Su hijo exiliado, Reza Pahlevi, ha reiterado la soberanía de Irán sobre ellas y, en cambio, ha criticado al régimen por arriesgarse a perderlas por debilidad. El régimen, por su parte, ha visto en las reivindicaciones sobre ellas una oportunidad para defender el nacionalismo iraní y legitimarse. Esta táctica ofrecía rendimientos decrecientes antes de la reciente guerra, pero el éxito del régimen durante el conflicto le ha dado un nuevo balón de oxígeno.

Después, el 28 de septiembre de 2026, el presidente emiratí, Mohamed bin Zayed, confirmó que, por invitación suya, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había viajado a Abu Dabi. El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní emitió un comunicado en el que advertía de que «todos los países de la región deberían tener cuidado con las consecuencias de viajes de este tipo, que amenazan la paz y la seguridad colectivas de la región».

Los medios del régimen se sumaron a la campaña. Nour News, próximo al Consejo Supremo de Seguridad Nacional, publicó varios editoriales contra los Emiratos Árabes Unidos. Uno de ellos citaba el despliegue israelí de la Iron Dome en los Emiratos como prueba de que «Abu Dabi hoy no es meramente el vecino meridional de Irán; es un país que, en la coyuntura más delicada, ha elevado su cooperación con el principal adversario de Irán a un nivel abierto y operativo». Se refería a los Emiratos como una dimensión militar «del enemigo», que ha «hablado francamente de un cambio político en Irán». Otros medios insistieron en lo mismo, llegando incluso a calificar a los Emiratos Árabes Unidos de «objetivo legítimo».

Otro artículo tachaba a los Emiratos de «hipócritas» por hablar de estabilidad regional mientras socavan la estabilidad acogiendo a Netanyahu. Concluía: «Si Abu Dabi quiere de verdad la estabilidad, el camino … conducirá a un cambio de conducta, a la aceptación de las nuevas realidades de la región y a la participación en mecanismos de seguridad locales», es decir, a un orden regional que excluya a Estados Unidos e Israel.

Tales acusaciones de que otros desestabilizan la región son habituales en las declaraciones públicas y los medios iraníes, y resultan reveladoras. A ojos de Teherán, la presencia estadounidense e israelí en la región es desestabilizadora, mientras que considera su propia política exterior como la reacción natural a semejantes proyectos imperiales y coloniales.

El periodista reformista Ahmad Zeidabadi, que pasó años en prisión tras el Movimiento Verde de 2009, reaccionó de forma similar. Advirtió de «los planes secretos y conspirativos de la banda de Netanyahu contra Irán», pero sugirió un tono diplomático más suave, unidad interna y sentido de Estado para repelerlos.

El 3 de octubre de 2026, la agencia de noticias de la República Islámica publicó una entrevista con Hadi Borhani, profesor de la Universidad de Teherán, sobre la misma cuestión. Borhani calificó a los Emiratos Árabes Unidos de «la puerta de entrada de Israel al mundo árabe e islámico» y opinó que «colaborar con Israel hará a los Emiratos más vulnerables durante una posible crisis». Contrapuso Abu Dabi a Amán, El Cairo y Riad, que se han mostrado más críticas con Jerusalén en los últimos años, pese a las relaciones formales de las dos primeras con el Estado judío.

El exministro de Asuntos Exteriores y asesor durante años de Ali Jamenei y, en teoría, también de Mojtaba Jamenei, Ali-Akbar Velayati, vinculó ambas polémicas: «Un país cuya edad política no llega a medio siglo reclama desde la tribuna de las Naciones Unidas unas islas que en documentos y mapas de siglos anteriores figuran como iraníes».

Cada vez parece más claro que la relación de Irán con los Emiratos está alcanzando un punto de no retorno, deteriorándose incluso más que cuando Irán lanzó ataques con cohetes y drones durante la guerra. Si antaño Teherán trataba a Abu Dabi y Dubái con cautela por la considerable inversión iraní en ambas ciudades, hoy las declaraciones iraníes sugieren que la hostilidad ideológica se impondrá al pragmatismo. En la práctica, esto significa que Abu Dabi debería prepararse para mayores ataques en futuros conflictos, a medida que Irán trate a los Emiratos Árabes Unidos más como a Israel y menos como a otros Estados árabes.