Omán debe cerrar la puerta a los hutíes
Con misiles hutíes dirigidos contra civiles en Arabia Saudí, el sultán Haitham bin Tariq debe saber que no está favoreciendo la paz.
Michael Rubin está especializado en Irán, Turquía y el Cuerno de África. Su trayectoria incluye una etapa como funcionario del Pentágono, con experiencia sobre el terreno en Irán, Yemen e Irak, así como contactos con los talibanes antes del 11-S. Rubin también ha contribuido a la formación militar, impartiendo clases a unidades de la Marina y del Cuerpo de Marines de Estados Unidos sobre conflictos regionales y terrorismo. Su obra académica incluye varias publicaciones destacadas, como “Dancing with the Devil” y “Eternal Iran”. Rubin obtuvo su doctorado y su máster en Historia, así como una licenciatura en Biología, por la Universidad de Yale.

Omán, al igual que Qatar, gusta de presentarse como un mediador en el que todas las partes pueden confiar. Mientras Qatar se ha labrado un papel de intermediario tanto con los talibanes como con Hamás, Omán ha buscado situarse como el mediador de referencia para Irán y los hutíes.
Jake Sullivan, entonces hombre de confianza de la secretaria de Estado Hillary Clinton, viajó en secreto a Mascate para iniciar el proceso que culminaría en el Plan de Acción Integral Conjunto de 2015. Aprovechó una oferta iraní que un abanico bipartidista de predecesores estadounidenses había desestimado por su origen incierto y por haber llegado a través de funcionarios iraníes incapaces de modelar las carteras que pretendían discutir.
Aunque los diplomáticos omaníes presentan su posición como virtuosa —y acaso deseen sinceramente que así sea—, llega un punto en el que dar tribuna a un grupo que no tiene interés en la paz convierte al anfitrión en parte del problema. Con misiles hutíes alcanzando objetivos civiles en Arabia Saudí, el sultán Haitham bin Tariq debe concluir que no está promoviendo la paz, sino blanqueando los excesos de un combatiente y dotándolo de legitimidad. Mohammad Abdulsalam, principal negociador y portavoz de los hutíes, lleva años viviendo en Mascate; informes publicados siguen situándolo en la capital omaní en septiembre de 2026.
Si al Gobierno omaní le interesara la paz, Mascate expulsaría a los hutíes —quizá a Arabia Saudí— con una declaración en el sentido de que Omán siempre ofrecerá sus buenos oficios para una mediación genuina, pero no permitirá que ningún grupo permanezca en Omán cuando esa organización ataca abiertamente a otros miembros del Consejo de Cooperación del Golfo. Si Omán no lo hace, está señalando que lanzar misiles contra el aeropuerto internacional de Riad es aceptable.
Poner a los hutíes de patitas en la calle haría más por la paz que unas negociaciones interminables e insinceras. Establecería una línea roja que fijaría el límite de conducta que incluso Omán puede tolerar. Solo cuando los hutíes acepten atenerse a las leyes de la guerra debería Omán —o cualquier mediador futuro— concederles el privilegio de su presencia.
Si, por el contrario, el sultán Haitham y el Ministerio de Exteriores omaní protegen la presencia hutí, el Consejo de Cooperación del Golfo debería plantearse suspender, si no expulsar, a Omán, y Estados Unidos debería considerar una cascada de coerción que comience con sanciones a Omán por cualquier transacción financiera en la que participen representantes hutíes y culmine con su designación como Estado patrocinador del terrorismo.
Demasiados países abrazan la mediación para eludir la rendición de cuentas, en lugar de para alcanzar la paz. La inclinación de Omán hacia la República Islámica —si no su simpatía— debería descalificarlo para el papel de mediador. Castigar a los mediadores insinceros mejorará las mediaciones futuras, al obligar a las cancillerías a reconocer que ellas también se juegan algo si actúan mal o permiten que lo hagan sus clientes.
Hay también una lección para Estados Unidos, Arabia Saudí y otros países que se oponen a los hutíes: ningún país debería recurrir a un mediador que desea su derrota. Hoy, los omaníes hacen mucho más por preservar el problema hutí que por resolverlo. Esto probablemente ha sido una elección deliberada por parte de los omaníes, por la que Mascate debería rendir cuentas si redobla su apuesta por el statu quo.