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Foro de Oriente Medio · Middle East Forum
FWI Opinion & Interview

Mohamed Fahmy plantea a Ottawa la cuestión de los Hermanos Musulmanes

Dos activistas piden al Gobierno canadiense que investigue a los Hermanos Musulmanes, una tarea pendiente desde hace demasiado tiempo.

Gregg Roman es el director ejecutivo del Foro de Oriente Medio (Middle East Forum). En 2014, la Jewish Telegraphic Agency lo nombró uno de los «diez líderes judíos más inspiradores del mundo», y anteriormente fue asesor político del viceministro de Asuntos Exteriores de Israel y trabajó para el Ministerio de Defensa israelí. Orador habitual sobre asuntos de Oriente Medio, el Sr. Roman ha testificado ante el Congreso y la Knéset, y aparece en canales internacionales de noticias como Fox News, i24NEWS, Al Jazeera, BBC World News y los Canales 12 y 13 de Israel. Estudió seguridad nacional y comunicaciones políticas en American University y en el Centro Interdisciplinario de Herzliya (Interdisciplinary Center in Herzliya), y ha colaborado con The Hill, Newsweek, Los Angeles Times, Miami Herald y Jerusalem Post.

El 19 de octubre, en Ottawa, dos hombres que conocieron de primera mano los movimientos islamistas durante su cautiverio plantearon a Canadá una pregunta que su Gobierno aún no ha respondido. Mohamed Fahmy pasó 438 días en cárceles egipcias. Theo Padnos pasó casi dos años como rehén de la filial siria de Al Qaeda. En una mesa redonda con Brian Lee Crowley, fundador del Macdonald-Laurier Institute, ambos activistas lanzaron la campaña Canada Act Now de la Fundación Fahmy.

Durante la mesa redonda, Fahmy formuló la siguiente pregunta: «Si los gobiernos de todo Oriente Medio, de Europa, de países de mayoría musulmana —y ahora Estados Unidos— han considerado a los Hermanos Musulmanes y a sus diversas ramas lo bastante graves como para merecer designaciones terroristas o extremistas, ¿por qué Canadá no ha emprendido un examen transparente y exhaustivo de la organización y de sus redes aquí?».

Es la pregunta adecuada. Es también la que Ottawa menos quiere oír.

El testigo que forjó El Cairo

Fahmy se ganó su autoridad sobre los Hermanos Musulmanes por la vía difícil. En diciembre de 2013, la policía egipcia lo detuvo en El Cairo junto a dos colegas de Al Jazeera English. La fiscalía los acusó de ayudar a una organización terrorista, es decir, a los Hermanos Musulmanes, y de difundir noticias falsas. Organizaciones de defensa de la libertad de prensa de todo el mundo condenaron el juicio, y el presidente Abdel Fattah el-Sisi indultó a Fahmy en septiembre de 2015.

Egipto lo mantuvo en el pabellón de terrorismo de la prisión de Escorpión, junto a la cúpula de los Hermanos Musulmanes, incluido su Guía Supremo, Mohamed Badie. Compartió comidas con ellos, habló con ellos durante meses y vio cómo jóvenes detenidos eran atraídos hacia su ideología. Años antes, mientras trabajaba con el Comité Internacional de la Cruz Roja, había realizado entrevistas sin escolta a detenidos de los Hermanos Musulmanes y de Fatah al-Islam en cárceles libanesas. Repárese en la ironía. Un hombre a quien El Cairo encarceló como colaborador de los Hermanos salió convertido en uno de los críticos mejor informados del movimiento. En diciembre de 2025, instó a Ottawa, desde las páginas del National Post, a designar al grupo como entidad terrorista.

Padnos, responsable de investigación de la fundación, fue secuestrado cerca de la frontera turca en octubre de 2012 y retenido por Jabhat al-Nusra, entonces dirigida por Abu Mohammad al-Jolani, que hoy gobierna Siria como presidente Ahmed al-Sharaa. Liberado en agosto de 2014, Padnos ha trabajado desde entonces con familias de jóvenes canadienses que se marcharon a unirse a grupos yihadistas en Siria. «La radicalización rara vez empieza con la violencia», afirmó en el comunicado de lanzamiento. «Empieza con ideas, agravios, aislamiento y una búsqueda de identidad o pertenencia».

Canadá va por libre

Otros gobiernos han abordado la cuestión. Egipto designó a los Hermanos Musulmanes grupo terrorista en 2013; Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos lo siguieron en 2014. Jordania lo ilegalizó en abril de 2025, después de que las fuerzas de seguridad vincularan al hijo de un dirigente de los Hermanos con una operación con explosivos. El 13 de enero de 2026, Washington designó a las ramas egipcia y jordana por su apoyo material a Hamás y calificó a la rama libanesa de Organización Terrorista Extranjera. En marzo añadió la rama sudanesa. El 8 de octubre, el Parlamento Europeo votó por 381 votos contra 167 a favor de una estrategia de la UE contra el «entrismo» de los Hermanos Musulmanes y pidió a los Estados miembros que incluyeran a personas y grupos vinculados a la organización en la lista terrorista del bloque. La revisión del Gobierno británico de 2015 concluyó que «la pertenencia a los Hermanos Musulmanes, la asociación con ellos o su influencia deberían considerarse un posible indicador de extremismo».

Canadá no ha hecho nada de esto. Su propia lista de entidades terroristas describe a Hamás como un grupo que «surgió de la rama palestina de los Hermanos Musulmanes». Ottawa incluye a la prole. Nunca ha examinado a la matriz.

Lo que hallaron los auditores

El caso de Fahmy no se apoya en ejemplos extranjeros. En diciembre de 2015, la Agencia Tributaria de Canadá (Canada Revenue Agency) abrió una auditoría sobre la Muslim Association of Canada (MAC), la mayor organización benéfica musulmana de base del país. A lo largo de 13 meses, los auditores realizaron 30 visitas a instalaciones, llevaron a cabo 27 entrevistas y revisaron cerca de 1 millón de transacciones financieras en 60 cuentas bancarias, además de 415.874 correos electrónicos, según una sentencia de 2023 del Tribunal Superior de Ontario. La carta preliminar de la agencia recomendaba suspender el estatus de entidad benéfica de MAC y citaba vínculos políticos con los Hermanos Musulmanes; dos antiguos directivos habían asesorado a Mohamed Morsi.

El análisis del expediente que publicó la Fundación Fahmy en febrero destacó su hallazgo más llamativo: miembros de ramas de los Hermanos Musulmanes de Oriente Medio podían trasladarse a MAC y volver, de forma casi automática. Fahmy dijo a CTV el 21 de octubre que el mecanismo funciona como «un intercambio al estilo universitario». MAC califica la auditoría de discriminatoria y afirma que su estatus de entidad benéfica no fue ni suspendido ni revocado; los tribunales consideraron prematuro su recurso. La auditoría respondió a una cuestión fiscal. La cuestión de seguridad que planteó no se ha sometido a ninguna revisión pública.

Otros han llegado a conclusiones similares. La mañana del lanzamiento, el National Post informó sobre un estudio de casi 200 páginas del Institute for the Study of Global Antisemitism and Policy que rastrea la influencia vinculada a los Hermanos Musulmanes en organizaciones benéficas, campus y elecciones de Canadá. Joe Adam George, del Foro de Oriente Medio (Middle East Forum), ha advertido de que Washington considera el problema de los Hermanos Musulmanes en Canadá una amenaza para la seguridad norteamericana.

Lo que Ottawa debería hacer

Fahmy es preciso sobre lo que no está pidiendo. «No se trata de señalar a los musulmanes ni de restringir la expresión religiosa o política legítima», dijo en el comunicado de lanzamiento. «Se trata de aplicar a los movimientos islamistas el mismo escrutinio que aplicamos a cualquier organización cuya ideología, financiación o redes puedan suponer una amenaza para los canadienses». A un periodista musulmán egipcio-canadiense que defiende ese argumento resulta difícil despacharlo como un fanático, y precisamente por eso importa su campaña. De ahí se derivan tres cosas.

Primero, Ottawa debería encargar la revisión que pide Fahmy: pública, exhaustiva y basada en el modelo británico. Una vez que exista, dijo a CTV, los investigadores podrán «rastrear las transferencias de dinero» y «a los miembros que entran y salen en avión».

Segundo, Ottawa debería evaluar cada rama de los Hermanos Musulmanes designada por Washington conforme al criterio de inclusión en la lista previsto en el artículo 83.05 del Código Penal. Canadá ya incluye a Hamás. Las ramas que Washington designó por apoyar a Hamás merecen el mismo examen.

Tercero, Ottawa debería financiar la labor de prevención que Fahmy estudió en Reino Unido: intervención temprana, acompañamiento individual y la alfabetización religiosa que permite a un orientador responder a un reclutador que tergiversa las escrituras.

Fahmy dijo a CTV que su mayor temor es que las ideas de los Hermanos Musulmanes se «normalicen» en Canadá y que un movimiento ilegalizado en buena parte del mundo árabe acabe viendo al país como «un refugio seguro».

Pagó 438 días por el derecho a exponer su argumento.

Canadá debería responderle.

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