Los avances de Turquía en Libia revelan los límites de la cooperación greco-egipcia
A Egipto le preocupa la estabilidad de Libia, pero se centra en conservar su influencia, mientras que Grecia afronta desafíos a su soberanía.
Nicoletta Kouroushi es politóloga y periodista afincada en Chipre. Sus trabajos se han publicado en medios como el diario Phileleftheros, Modern Diplomacy y la Geostrategic Forecasting Corporation. Tiene un máster (MSc) en Estudios Internacionales y Europeos por la Universidad de El Pireo.

Grecia y Egipto han profundizado de forma sostenida sus lazos en el Mediterráneo oriental, sustentados sobre todo en la delimitación de fronteras marítimas y en la cooperación en materia de seguridad. Su acuerdo de 2020 sobre zonas económicas exclusivas desafió el pacto de Turquía con Libia y alineó más estrechamente a Atenas y El Cairo. Sin embargo, a medida que Turquía ha reforzado su papel en Libia —incluido el acercamiento a las autoridades del este—, los límites de la cooperación greco-egipcia han quedado en evidencia.
El acercamiento de Egipto a Ankara demuestra que coincidir en cuestiones marítimas no siempre implica que ambos países compartan un enfoque más amplio sobre las ambiciones regionales de Turquía.
Los acontecimientos recientes ponen de manifiesto ese giro. El 15 de octubre de 2026, funcionarios griegos y egipcios se reunieron en Atenas para abordar el futuro de Libia, la seguridad y las disputas marítimas. Cinco días después, la Cámara de Representantes de Libia, con sede en Bengasi, que previamente había rechazado el acuerdo, aprobó el memorando marítimo que Turquía firmó con Trípoli en 2019. Se trata de un punto de inflexión: Turquía puede ahora tejer vínculos con ambos bandos en Libia, lo que dificulta que Grecia y Egipto se apoyen en sus viejas relaciones para contrarrestar la influencia turca.
Atenas y El Cairo han ido más allá de las protestas diplomáticas. Grecia sostiene que el memorando turco-libio ignora los derechos marítimos de Creta y otras islas griegas, mientras que Egipto alega que vulnera su zona económica exclusiva y su plataforma continental. El 22 de octubre, sus ministros de Exteriores acordaron seguir debatiendo una ampliación hacia el este de su acuerdo de delimitación marítima de 2020, señal de que la asociación y la coordinación continúan. No obstante, el alcance de cualquier ampliación sigue sin estar claro, sobre todo en las inmediaciones de Kastelórizo, donde las reivindicaciones marítimas son especialmente sensibles.
Egipto prepara además una impugnación legal del memorando, aun cuando sigue mejorando sus relaciones con Turquía. El 23 de octubre, el ministro de Exteriores egipcio, Badr Abdelatty, se reunió en Estambul con su homólogo turco, Hakan Fidan, y reiteró la oposición egipcia al acuerdo. El encuentro mantuvo abiertos los canales de comunicación: Fidan reconoció las inquietudes de Egipto y respaldó nuevas conversaciones. El Cairo sigue rechazando las reivindicaciones marítimas de Ankara, mientras trabaja al mismo tiempo para mejorar los lazos bilaterales.
El enfoque egipcio responde a consideraciones prácticas. La inestabilidad en Libia —en la frontera de Egipto— repercute en su seguridad. La relación de El Cairo con los dirigentes del este libio es importante, pero el apoyo del mariscal de campo Jalid Haftar al memorando ha complicado la posición egipcia. Para proteger sus intereses, Egipto suele actuar con pragmatismo, incluso con rivales como Turquía. A medida que crece la implicación turca en Libia, El Cairo percibe la conveniencia de mantenerse implicado con Ankara, en lugar de permitir que una sola disputa eclipse la relación en su conjunto.
Grecia afronta prioridades distintas. El memorando amenaza las reivindicaciones de Atenas al sur de Creta, de modo que impedir su aceptación constituye una prioridad diplomática de primer orden. Mientras que a Egipto le preocupan la estabilidad de Libia y la seguridad fronteriza, pone el foco en mantener su influencia. Grecia, en cambio, se enfrenta a desafíos directos a su soberanía y necesita diversificar sus esfuerzos diplomáticos tejiendo vínculos con todas las facciones libias. A medida que Turquía consolida su posición, Atenas y El Cairo deben adaptarse: trabajar juntos cuando sea posible y, al mismo tiempo, desplegar iniciativas propias. Su asociación es sólida, pero su éxito a largo plazo depende de la flexibilidad, el diálogo y la capacidad de gestionar intereses contrapuestos.
Estas diferencias no socavan la cooperación bilateral, pero sí marcan sus límites. Atenas debería centrarse en el terreno de coincidencia práctica, como la actualización del acuerdo marítimo, para mantener una coordinación sólida. Al mismo tiempo, Grecia necesita desarrollar sus propias relaciones con las autoridades libias rivales. La mayor implicación de Turquía en el este de Libia recuerda que es imprescindible un enfoque más amplio y flexible.
Estados Unidos también sigue de cerca la situación. Tras pedir inicialmente conversaciones, el Departamento de Estado calificó el 25 de octubre la ratificación del memorando de «provocadora». E instó a Grecia y Turquía —ambos aliados en la OTAN— a resolver sus diferencias mediante el diálogo.
La reacción de Washington evidencia que quiere evitar tensiones entre aliados. Pero esta disputa no atañe solo a Grecia y Turquía: Egipto y Libia también tienen intereses en juego. La incertidumbre sobre las fronteras marítimas podría frenar la exploración energética y la inversión. Estados Unidos quiere soluciones negociadas, pero no debería desatender los derechos de otros países afectados por el acuerdo.
Para Grecia, la diplomacia estadounidense ayuda, pero no puede sustituir a un plan regional más amplio. Washington también debe asumir que el creciente papel de Turquía en Libia afecta a varios socios estadounidenses, y no solo a Grecia, así como a su propio interés en la estabilidad de la región.
Los últimos cambios no indican una crisis en los lazos greco-egipcios, pues ambos Gobiernos siguen oponiéndose al memorando turco-libio y buscan nuevas vías de cooperación. Grecia y Egipto pueden seguir siendo socios aunque aborden a Turquía de manera distinta. Sin embargo, la forma en que gestionen esas diferencias determinará lo que logren juntos en la región.