Haití importa armas israelíes y turcas de forma legal, pero las bandas las desvían
Las bandas haitianas superan en armamento al Estado y Estados Unidos, Israel y Turquía deben dar tres pasos para cortarles el suministro.

El cambio de postura de Haití a última hora en Lake Success, en noviembre de 1947, aseguró los votos para la Resolución 181 de las Naciones Unidas y la creación de Israel. Puerto Príncipe reconoció al Estado judío en marzo de 1949, con lo que se convirtió en el cuadragésimo octavo país en hacerlo. Décadas después, sin embargo, ese vínculo ha dado un vuelco. Las bandas haitianas que controlan la mayor parte de la capital emplean hoy fusiles israelíes Galil ACE —entregados originalmente en virtud de un contrato con la Policía Nacional Haitiana— junto a una avalancha de escopetas tácticas turcas y munición de grado militar.
Esta filtración de armamento comenzó por canales comerciales legítimos. El Gobierno de Haití contrató a la empresa israelí Guardian Limited Israel para suministrar 1.000 fusiles Galil ACE de Israel Weapon Industries y adiestramiento táctico a las fuerzas haitianas. Desde 2021, esos fusiles de asalto se han convertido en el eje del mercado negro que inunda el país. Por ejemplo, imágenes han dejado al descubierto modelos Galil ACE 21, 22 y 31 en manos de la banda Gran Grif, incluida una variante ACE 31 incautada tras el asesinato de varios agentes de la Policía Nacional Haitiana. Del mismo modo, otras imágenes muestran al líder de la banda Jimmy «Barbecue» Chérizier portando un Galil Short Assault Rifle de Israel Military Industries durante sus ruedas de prensa.
Los agentes del orden haitianos recuperan a veces algunas de estas armas numeradas en tiroteos con bandas rivales como Gran Ravin. Pero los traficantes siguen sacando algunas del país de contrabando. En 2017, las autoridades jamaicanas hallaron un Galil registrado a nombre de la Policía Nacional Haitiana tras un tiroteo en Rockfort. Los investigadores también descubrieron un Galil ACE en el arsenal que los mercenarios emplearon para matar al presidente Jovenel Moïse en 2021. Al mismo tiempo, las grabaciones de estos ataques de las bandas muestran que también están utilizando escopetas tácticas turcas y munición de grado militar.
Las armas de fuego procedentes de Estados Unidos siguen siendo la columna vertebral del arsenal criminal de Haití, con un flujo de entre 270.000 y 500.000 armas ilegales hacia el país. Entre 2020 y 2022, más del 80 por ciento de las armas de fuego incautadas por las fuerzas haitianas procedían de Estados Unidos, predominantemente a través de la ruta marítima de carga en contenedores desde Florida o por la frontera con la República Dominicana.
Al hacerse con plataformas israelíes y turcas vendidas legítimamente al Gobierno haitiano, las bandas de Haití superan en armamento al Estado. Estas armas aumentan su capacidad para controlar territorio, bloquear puertos marítimos y desafiar a la Fuerza de Supresión de Bandas auspiciada por las Naciones Unidas, todo ello mientras los envíos comerciales estadounidenses eluden el embargo de armas de las Naciones Unidas. Las redes criminales en Estados fallidos no distinguen entre material civil estadounidense y sistemas militares de Oriente Medio. Ambos conductos contribuyen a la violencia de las bandas, que ha desplazado a más de 1,4 millones de ciudadanos y costado miles de vidas.
Para cortar estas cadenas de suministro hacen falta tres medidas. Primero, Israel debería suspender todas las exportaciones de armas si las autoridades locales recuperan de manos de las bandas haitianas algún fusil Galil con un número de serie registrado a nombre de la Policía Nacional Haitiana. Esta medida debería mantenerse hasta que los responsables haitianos rindan cuentas de todas las armas y desmantelen la unidad comprometida. Segundo, Turquía debe exigir que los futuros componentes militares vendidos a países del Caribe incorporen seguimiento digital del uso final.
Esto significaría que todas las armas llevarían sistemas de rastreo digital instalados por el fabricante que emiten una alerta si un artículo sale del sistema. Y tercero, Estados Unidos debe reclasificar los componentes militares de Oriente Medio como objetivos prioritarios de interdicción, lo que obligaría a las agencias de inteligencia estadounidenses y a los grupos de trabajo aduaneros a situarlos por delante del grueso de las armas de fuego civiles estadounidenses en el escaneo de contenedores, dada su superior fiabilidad en combate y el aumento de la letalidad de las bandas.
Aprobar resoluciones internacionales incide poco en los esfuerzos por restaurar la estabilidad en el Caribe. Mucho más importante será reconocer que el desvío de material procedente de un Estado débil es tan pernicioso como el contrabando. Hasta que Jerusalén, Ankara y Washington comprendan que las bandas están trocando su equipo militar en las calles de Puerto Príncipe, la política occidental seguirá financiando a ambos bandos de una guerra a la que dice oponerse.