Foro de Oriente Medio · Middle East Forum
Observer

¿Es la red de Haj Hamed la fuerza armada más secreta de Irán en Irak?

Teherán parece estar perdiendo confianza en las milicias tradicionales y se vuelca en células más pequeñas vinculadas a la Guardia Revolucionaria.

Iraqi Prime Minister Ali al-Zaidi meets President Donald Trump at the White House in July 2026.
El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, se reúne con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca en julio de 2026. · White House photo

El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, prometió al presidente Donald Trump, durante su reunión en la Casa Blanca del 14 de julio de 2026, que su gobierno pondría todas las armas bajo control estatal, e insistió en que Bagdad no toleraría ninguna entidad armada al margen de las instituciones del Estado después del 30 de septiembre de 2026. Pero el desafío al que se enfrenta ahora Zaidi puede ser distinto del que se comprometió a resolver. Irán parece estar construyendo una red que ya no depende de las grandes milicias que han definido su influencia en Irak durante la última década.

Tres comandantes de facciones iraquíes alineadas con Irán afirman que el coronel del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica Hamed Abdollahi, conocido en los círculos iraquíes como Haj Hamed, supervisa células formadas por combatientes procedentes de las principales milicias. Operan sin la aprobación de sus mandos originales, pero le rinden cuentas directamente.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos designó a Abdollahi en 2011 como alto oficial de la Fuerza Quds y afirmó que coordinó aspectos del complot para asesinar al embajador saudí Adel al-Jubeir en Washington D. C., al tiempo que supervisaba a los funcionarios implicados en su planificación. Tras la muerte de Qassem Soleimani, estudios de seguridad vincularon a un ayudante conocido como «Haj Hamed» con grupos iraquíes más pequeños, entre ellos al-Warithuun, cuyos miembros viajaron a Irán para recibir entrenamiento.

Un ataque estadounidense contra una vivienda en el barrio bagdadí de Jadriyah, en marzo de 2026, devolvió el nombre al primer plano. Fuentes iraquíes dijeron después que Abdollahi estaba presente, sobrevivió y a continuación dejó de acudir a reuniones públicas, mientras las órdenes seguían transmitiéndose a través de sus adjuntos. Otras informaciones apuntaron a que otro responsable de la Fuerza Quds, Hamed Naseri, pudo figurar entre los objetivos, lo que deja algunos detalles en disputa.

La República Islámica creó además tres o cuatro células en el sur de Irak, cada una con alrededor de diez combatientes. Fuentes iraquíes atribuyeron a esas células al menos siete ataques contra Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos entre el 20 de abril y el 17 de mayo de 2026. Algunos miembros procedían de la Resistencia Islámica en Irak, pero las células eludían a la dirección de las milicias y se comunicaban directamente con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

Fuentes de seguridad iraquíes informaron asimismo de la reactivación de la «Sala Irán», o «Sala Sharaa», formada en 2025 como parte de un plan destinado a derrocar al nuevo gobierno sirio de Ahmed al-Sharaa. La misión se desplazó después hacia el Golfo Pérsico, según esas fuentes, reuniendo a operativos iraquíes alineados con Irán y a hutíes a medida que crecía la tensión en torno al estrecho de Ormuz y a Bab el-Mandeb.

El ataque del 10 y 11 de septiembre de 2026 contra el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí situó el asunto en una nueva categoría. Responsables saudíes afirmaron que los drones se lanzaron desde Irak. Una investigación iraquí lo confirmó, lo que provocó la destitución de mandos de seguridad en Maysan y operaciones para localizar las plataformas de lanzamiento.

El uso denunciado de drones de largo alcance Shahed-136 es significativo. Los estudios de seguridad indican que ese sistema no era habitual en los arsenales de las milicias iraquíes tradicionales y que los sistemas iraníes más recientes entraron en Irak solo durante la guerra de 2026. Teherán puede estar perdiendo ahora la confianza en las propias milicias tradicionales. El ataque de Jadriyah demostró que los adversarios de Irán podían penetrar en las redes que rodean a asesores de alto nivel y en reuniones celebradas dentro de Bagdad, lo que plantea la posibilidad de que Teherán considere cada vez más comprometidas las estructuras milicianas consolidadas. Si sus sistemas más sensibles se mantienen ahora dentro de células más pequeñas vinculadas directamente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, Irán podría estar reduciendo su dependencia de socios en cuya seguridad interna ya no confía plenamente.

La respuesta de Bagdad ha seguido siendo en buena medida reactiva, con investigaciones, detenciones, destituciones, cierres de fronteras e incautaciones tras los ataques. Ninguna ha impedido la repetición de operaciones desde territorio iraquí.

Más revelador es de dónde procede buena parte de la información sobre la red de Haj Hamed: de fuentes dentro de las propias instituciones de seguridad iraquíes. Puede que Bagdad no tenga un problema de inteligencia. Sus servicios parecen saber mucho sobre la red y sobre su cúpula. La pregunta más difícil es si Zaidi está dispuesto y es capaz de pasar de negociar con los jefes de las milicias iraquíes a enfrentarse a una estructura ligada directamente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y diseñada para sortearlos.

Zaidi se encuentra en Nueva York por la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde se trabaja para concertar otra reunión con Trump. Su primer encuentro produjo la promesa de poner las armas bajo control estatal. Esta vez, Zaidi llega tras nuevos ataques contra Arabia Saudí y la aparición de una red más escurridiza que las milicias que prometió desarmar. Las preguntas serán si Bagdad tiene un plan ejecutable frente al modelo que ahora sustituye al antiguo, y si Trump aceptará nuevas promesas después de la negativa o la incapacidad de Zaidi para cumplir la primera.