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Observer

¿Qué fuerzas podría desplegar Pakistán en Arabia Saudí?

Los hutíes yemeníes, alineados con Irán, han ampliado sus ataques contra el territorio saudí, sus infraestructuras energéticas y sus intereses marítimos.

Kaswar Klasra es un periodista radicado en Islamabad y redactor jefe de The Islamabad Telegraph, donde cubre la seguridad en el sur de Asia, la diplomacia de defensa, la política exterior y la geopolítica regional.

The flags of Saudi Arabia and Pakistan.
Las banderas de Arabia Saudí y Pakistán. · Shutterstock

La declaración de Pakistán de que está dispuesto a defender a Arabia Saudí «física y diplomáticamente» ha trasladado el debate sobre el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca más allá de la retórica diplomática, hacia una cuestión operativa más espinosa: si Riad pide asistencia militar, ¿qué podría enviar exactamente Pakistán, con qué rapidez podría desplegarlo y qué unidades elegiría el Cuartel General del Ejército en Rawalpindi?

La cuestión ha cobrado mayor peso porque el compromiso ya no se debate al margen de lo que ocurre sobre el terreno. Los hutíes yemeníes, alineados con Irán, han intensificado sus ataques contra el territorio saudí, sus infraestructuras energéticas y sus intereses marítimos. Arabia Saudí ha pedido asistencia adicional a medida que han aumentado sus necesidades de defensa aérea, y Pakistán ha afirmado que su compromiso con la seguridad saudí es firme.

El 17 de septiembre de 2026, el teniente general Ahmed Sharif Chaudhry, portavoz militar de Pakistán, señaló durante una rueda de prensa en Islamabad que Pakistán llegaría «hasta donde sea» para defender a Arabia Saudí y que su compromiso con la seguridad del Reino es incondicional. También extendió ese compromiso a la protección de los dos lugares más sagrados del islam, La Meca y Medina.

La cronología importa. El 7 de agosto, Arabia Saudí, Pakistán y Turquía firmaron en La Meca el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca. El acuerdo establece que los tres países considerarán un ataque armado contra cualquiera de ellos como un ataque contra todos. Pakistán ha descrito el pacto como defensivo y coherente con el derecho a la legítima defensa individual y colectiva previsto en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

El 31 de agosto, el acuerdo pasó de la diplomacia de cumbres a su institucionalización. Los ministros de Exteriores y Defensa, y los jefes militares, de los tres países se reunieron en Estambul para la primera reunión del Comité Estratégico Político y de Defensa creado en virtud del pacto. Arabia Saudí aceptó acoger su secretaría, dirigida inicialmente durante tres años por un secretario general paquistaní.

Los días 7 y 8 de septiembre de 2026, los hutíes lanzaron una oleada de ataques contra el territorio saudí y sus infraestructuras energéticas. Las autoridades saudíes afirmaron que los ataques del 8 de septiembre hirieron a más de 70 personas e incendiaron instalaciones petrolíferas y servicios públicos. Los ataques hicieron trizas la tregua de 2022, que en gran medida había respetado el statu quo.

El 14 de septiembre, el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, se reunió en Yeda con el jefe del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), el almirante Brad Cooper, mientras Riad buscaba asistencia estadounidense frente a los hutíes. Revelaciones diplomáticas regionales indicaron que Washington estaba dispuesto a facilitar intercambio de inteligencia y apoyo a la selección de objetivos, pero que no se habían autorizado ataques directos contra posiciones hutíes.

El 15 de septiembre surgieron informaciones sobre conversaciones indirectas entre Arabia Saudí e Israel, mediadas a través del CENTCOM, relativas a la asistencia de inteligencia israelí contra los hutíes. Fuentes de seguridad regionales detallaron que las conversaciones se centraron en inteligencia táctica que podría ayudar a Riad a comprender los despliegues militares hutíes y anticipar sus operaciones, atribuyendo la información a fuentes diplomáticas regionales y a funcionarios familiarizados con las consultas.

El 19 de septiembre, Arabia Saudí afirmó que se había lanzado un misil balístico hutí hacia Riad y que otros intentos de ataque tenían como objetivo infraestructuras en Yanbu, Taif, Baysh y Farasan. Las autoridades saudíes señalaron que interceptaron el misil dirigido a Riad antes de que pudiera causar daños.

Esa cronología cambia el planteamiento político. La cuestión ya no es simplemente si Pakistán ha prometido respaldar a Arabia Saudí, sino a partir de qué umbral podría Riad solicitar una capacidad militar concreta y, si lo hace, qué podrían aportar las fuerzas armadas paquistaníes sin comprometer sus misiones prioritarias.

Pakistán tiene experiencia en operaciones militares fuera de sus fronteras, aunque esos despliegues han sido muy dispares. Cabe distinguir entre misiones de adiestramiento, funciones de asesoramiento, mantenimiento de la paz, despliegues defensivos y operaciones de combate directo. La crisis de Jordania de 1970 constituye un precedente: militares paquistaníes estaban destinados allí en calidad de asesores antes de que el conflicto local transformara el entorno operativo. De igual modo, durante las guerras árabe-israelíes, pilotos de la Fuerza Aérea de Pakistán sirvieron junto a las fuerzas egipcias y sirias, lo que ilustra un modelo de integración de personal militar especializado dentro de una estructura aliada, en lugar del envío de formaciones independientes.

El principal precedente bilateral sigue siendo la propia Arabia Saudí. La relación militar de Pakistán con el Reino abarca décadas e incluye adiestramiento, asesoramiento y despliegues defensivos de tropas a gran escala durante la crisis del Golfo Pérsico de 1990-91. En cambio, episodios como la toma de la Gran Mezquita en 1979 requieren un tratamiento cuidadoso: los análisis históricos subrayan que no se han verificado registros oficiales fiables que confirmen una participación directa paquistaní en combate. La evidencia más clara de fuerzas paquistaníes operando bajo fuego en el extranjero procede, en cambio, de misiones de Naciones Unidas, en particular UNOSOM II en Somalia y MONUSCO en la República Democrática del Congo. Además, maniobras militares conjuntas como el ejercicio Indus Shield Alpha en Azerbaiyán muestran cómo Islamabad puede proyectar poder aéreo, incluidos cazas JF-17, sin despliegues masivos de fuerzas terrestres.

Al evaluar una posible asistencia militar, el error central consiste en preguntar qué brigada enviará Pakistán antes de definir la misión. Funcionarios familiarizados con el asunto señalaron que, en un escenario de defensa aérea y antimisiles, en el que los ataques hutíes sostenidos ponen bajo tensión los interceptores y los sistemas de radar saudíes, Pakistán podría aportar operadores de radar, dotaciones de defensa aérea y especialistas técnicos. Despachos anteriores de seguimiento del ámbito de la defensa revelaron que Pakistán había estacionado paquetes de fuerzas que incluían personal técnico, componentes de caza y un sistema de defensa aérea HQ-9 en el Reino, estableciendo un patrón de apoyo tecnológico especializado.

Otros requisitos operativos —como la protección de infraestructuras críticas, la seguridad de la frontera saudí-yemení o el despliegue de una fuerza terrestre convencional— comportan distintos niveles de exposición militar y política. El despliegue de una fuerza terrestre exige logística, blindados y defensa aérea, lo que requeriría una planificación minuciosa por parte del Cuartel General en Rawalpindi. Para no comprometer su dispositivo en la frontera con la India, Pakistán probablemente recurriría a un modelo rotatorio o formaría una agrupación adaptada a la misión, en lugar de trasladar íntegro un cuerpo de ejército permanente. Según se ha informado, Pakistán desplegó en Arabia Saudí alrededor de 8.000 soldados, un escuadrón de unos 16 aparatos, incluidos cazas JF-17, dos escuadrones de drones y un sistema chino de defensa aérea HQ-9 durante la fase inicial del conflicto con Irán. Personal paquistaní operaba el equipamiento, financiado por Riad, como complemento de las fuerzas ya estacionadas allí en virtud de acuerdos de defensa anteriores.

En última instancia, la defensa aérea y el apoyo técnico especializado siguen siendo las formas de asistencia más manejables para Islamabad. Interceptar misiles entrantes permite a Pakistán presentar sus acciones estrictamente como el cumplimiento de obligaciones defensivas en virtud del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. Aunque el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca del 7 de agosto establece un compromiso político claro, las reuniones del 31 de agosto en Estambul demuestran que los marcos institucionales, los procedimientos de intercambio de inteligencia y los mecanismos de coordinación operativa aún se están perfilando en medio de un entorno de amenaza que se acelera en las inmediaciones del estrecho de Bab el-Mandeb y del conjunto de la península arábiga.