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Observer

¿Tiene explicación la hipocresía de la India con Irán?

Víctima del terrorismo respaldado por Pakistán y de las redes islamistas transnacionales, la India no tiene motivo alguno para contemporizar con el régimen iraní.

Flags with colors of India's flag line the front of a government building in New Delhi.
Banderas con los colores de la bandera de la India adornan la fachada de un edificio gubernamental en Nueva Delhi. · Shutterstock

La crisis iraní en curso vuelve a poner de manifiesto la errática política de India en Oriente Medio. La histórica posición propalestina de India, su negativa a declarar a Hamás como grupo terrorista y su enfoque conciliador hacia la República Islámica —pese a los 1.200 años de lucha de India contra el yihadismo, la destrucción de templos, las conversiones forzadas y el genocidio de hindúes a manos de islamistas— desafían el sentido común. Igual de incomprensible resulta que el gobierno nacionalista hindú del primer ministro Narendra Modi, conocido por su postura contra el islamismo y por criticar a anteriores gobiernos del Congreso Nacional Indio por sus políticas proislamistas y su reticencia a estrechar lazos con Jerusalén, votara en contra de la resolución de las Naciones Unidas que sanciona al régimen islamista de Irán.

El ecosistema de la derecha hindú, la organización paramilitar de voluntarios Rashtriya Swayamsevak Sangh y sus podcasters, influencers, organizaciones sin ánimo de lucro, agrupaciones estudiantiles y medios de comunicación no toleran el terrorismo islamista. Ese antiislamismo ha sido la piedra angular de sus campañas electorales y les ha reportado tres victorias nacionales consecutivas. Sin embargo, ante las protestas iraníes el actual gobierno de India guarda silencio.

Los grupos terroristas yihadistas veneran al ayatolá Ruhollah Jomeini por haber desplazado a un gobierno laico y sustituirlo por uno islamista. El papel instrumental de la revolución islámica iraní de 1979 a la hora de facilitar el auge del yihadismo moderno e inspirar a grupos terroristas desde Cachemira hasta el Líbano sigue siendo objeto de investigación académica en los círculos de la lucha antiterrorista.

India, víctima tanto del terrorismo respaldado por Pakistán como de las redes islamistas transnacionales, no tiene motivo alguno para apaciguar al régimen iraní cuando atraviesa su peor crisis. Teherán ha promovido la radicalización de los chiíes en Cachemira y ha contribuido al sentimiento separatista entre ellos. En diversas ocasiones, el líder supremo de Irán, Alí Jamenei, ha calificado el movimiento yihadista de Cachemira de lucha por la libertad, trazando falsos paralelismos con Gaza. Irán también ha cultivado células terroristas durmientes en India y presuntamente las ha utilizado para atacar la embajada de Israel en Nueva Delhi.

Bajo presión por su implicación, desde hace una década, en el proyecto del puerto de Chabahar debido al aumento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán y a su creciente cercanía con Jerusalén, India acepta ahora la posibilidad de un fracaso en Chabahar y contempla retirarse. La creciente influencia de China en Irán deja sus proyectos estratégicos de conectividad expuestos al sabotaje chino. Además, la Trump Route for International Peace and Prosperity (Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales), un corredor multimodal auspiciado por Estados Unidos a través de la provincia armenia de Syunik, podría bloquear el acceso de Irán a Rusia, debilitando aún más las perspectivas del puerto de Chabahar como parte del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur.

Además, la intransigencia de Irán, su represión de la población civil y sus vínculos con terroristas deberían avergonzar a India mientras esta impulsa acuerdos de libre comercio y asociaciones estratégicas con las democracias occidentales.

El comportamiento de Delhi es hipócrita. Organizaciones de la derecha india protestaron contra el uso del hiyab en escuelas y universidades. El apoyo posterior del jefe de Al Qaeda, Aymán al Zawahiri, provocó un bochorno político. Hoy, los intelectuales de la derecha india desestiman la indignación de las mujeres iraníes contra el hiyab como un producto de la intervención estadounidense. Cuando los islamistas masacran a hindúes en Bangladés, los canales de noticias indios braman; sin embargo, la tortura y el asesinato de ciudadanos iraníes que protestan por la inflación y exigen empleo, agua, libertad religiosa y calidad de vida apenas encuentran audiencia en India. Aunque India se enorgullece de su compromiso con un orden mundial basado en normas, con la democracia y el multiculturalismo, y condena la dictadura militar de Pakistán y sus fábricas de terror, no tiene reparos en alinearse con China, Rusia y Pakistán en las Naciones Unidas.

El único propósito que cumple la postura proiraní de Modi es generar una imagen favorable dentro de India. En el contexto de la tensión entre Modi y el presidente Donald Trump, con Modi acusado de ceder a la presión estadounidense sobre las compras de petróleo ruso y criticado por la nueva normativa universitaria que supuestamente discrimina a los hindúes de castas altas, la forma en que sus partidarios presentan la postura proiraní de India como un desafío de Modi a Estados Unidos funciona como distracción. Las otras razones que pueden explicar la posición de India son la excesiva dependencia de Modi de una burocracia lastrada por la resaca de la Guerra Fría y su bagaje socialista, y la ausencia de pensadores estratégicos en el liderazgo político.

Leer el original en inglés: Can India’s Iran Hypocrisy Be Explained?