Cada ataque hutí contra Israel merece un ataque israelí contra Irán
Tras el impacto de un misil en Ben Gurión, diez aeropuertos dentro de Irán que Israel debería tener en el punto de mira.
Michael Rubin está especializado en Irán, Turquía y el Cuerno de África. Su trayectoria incluye una etapa como funcionario del Pentágono, con experiencia sobre el terreno en Irán, Yemen e Irak, así como contactos con los talibanes antes del 11-S. Rubin también ha contribuido a la formación militar, impartiendo clases a unidades de la Marina y del Cuerpo de Marines de Estados Unidos sobre conflictos regionales y terrorismo. Su obra académica incluye varias publicaciones destacadas, como “Dancing with the Devil” y “Eternal Iran”. Rubin obtuvo su doctorado y su máster en Historia, así como una licenciatura en Biología, por la Universidad de Yale.

El 4 de mayo de 2025, un misil balístico lanzado por los hutíes de Yemen impactó en el Aeropuerto Internacional Ben Gurión, el principal aeropuerto civil de Israel. Que los hutíes apunten contra un aeropuerto civil no debería sorprender: al fin y al cabo, han atacado más de 1.000 objetivos civiles en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, incluidos aeropuertos civiles en ambos países. Aunque a los yemeníes nunca les ha faltado armamento, los hutíes reciben los misiles balísticos que disparan contra Israel, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos de una sola fuente: la República Islámica de Irán. Les llegan por una de dos vías: o bien a través del puerto de Hodeida, en el mar Rojo, que los hutíes controlan bajo la hoja de parra de Naciones Unidas y una supuesta gestión neutral, o bien de contrabando a través del Sultanato de Omán, un país que, como Qatar, se reviste del papel de mediador pero busca activamente favorecer a los terroristas frente al gobierno reconocido internacionalmente.
Israel ya atacó anteriormente el puerto de Hodeida, aunque tanto Israel como la comunidad internacional siguen mostrándose débiles y complacientes con Omán. Si bien la administración Trump es reacia a estacionar fuerzas estadounidenses en el extranjero, otros —quizá el Reino Unido— podrían estacionar fuerzas en Mazyunah, una zona industrial que se extiende a ambos lados de la frontera omaní-yemení y que sirve de plataforma para el contrabando de armas desde Omán hacia Yemen. Tales fuerzas deberían incluir tanto operadores de drones como equipos de interdicción que puedan vigilar las rutas de contrabando hacia Yemen y eliminarlas con rapidez.
La disposición de Omán a convertirse en sede de negociaciones sobre un sinfín de asuntos internacionales no debería concederle un «pase de salida de la cárcel» ni frente a las sanciones unilaterales ni frente a su inclusión en la lista de financiación del terrorismo del Grupo de Acción Financiera Internacional (Financial Action Task Force). Al contrario: si el doble juego de Mascate continúa, la administración Trump debería considerar trasladar las negociaciones de Omán a países como Armenia que, al igual que Omán y Qatar, mantienen relaciones cordiales con Irán pero no simpatizan con él y se sitúan más bien en el campo prooccidental.
Aun así, aunque Omán pueda ser un problema, no es más que el reflejo de la cortina de humo de los hutíes tras la cual opera el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán. Después de que Irán anulara el año pasado la línea roja que durante mucho tiempo contuvo las hostilidades entre la República Islámica y el Estado judío, resulta esencial que Israel responda en la misma moneda no solo contra los hutíes, sino contra quienes los abastecen y les pagan el sueldo. El terrorismo es una táctica tras la cual hay un simple análisis de costes y beneficios: el terrorismo funciona cuando los costes de una operación son inferiores al precio que deben pagar sus patrocinadores.
Atacar el Aeropuerto Internacional Ben Gurión aterroriza a Israel y amenaza con imponer enormes costes a su economía, ya que el turismo y el tráfico aéreo se paralizan o, cuando menos, los seguros que deben pagar las aerolíneas se vuelven demasiado onerosos.
En consecuencia, Israel debería responder contra los principales aeropuertos de Irán. El Aeropuerto Internacional Imán Jomeini —su torre de control, sus pistas y sus terminales— debería quedar fuera de servicio, y estas últimas ser atacadas horas después para minimizar las bajas civiles, dado que la paralización de las operaciones aeroportuarias hará que los pasajeros regresen a sus casas. Además, Israel debería inutilizar el Aeropuerto Internacional de Mehrabad, el aeropuerto más antiguo de Teherán, situado en su centro urbano. Hoy, Mehrabad se utiliza sobre todo para vuelos nacionales y como centro logístico militar. Karaj es a Teherán lo que Baltimore a Washington D. C. El Aeropuerto Internacional de Karaj está gestionado por el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y constituye un importante nodo logístico para su transporte aéreo de carga y sus transferencias de armas. Dicho sin rodeos: Israel debería atacar el aeropuerto de Karaj de manera que deje de existir.
Las fuerzas israelíes deberían atacar después otros siete aeropuertos: Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán; Bandar Abbás, su principal ciudad portuaria; y Tabriz, Isfahán y Shiraz, todas ellas importantes ciudades del interior. Además, las fuerzas israelíes deberían destruir el aeropuerto de Chabahar, la gran ciudad portuaria iraní en el océano Índico, así como el de la isla de Kish, una zona exenta de visado y área turística propiedad del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y gestionada por él, a través de la cual pasa buena parte del contrabando. Los Guardianes de la Revolución secuestraron al antiguo analista del FBI Robert Levinson mientras visitaba Kish, de modo que el lugar reviste también importancia simbólica.
Solo cuando Israel, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos comprendan que deben responder diez veces con más fuerza contra Irán por cada ataque que los hutíes dirijan hacia ellos, concluirán los dirigentes de Teherán que el cálculo de costes y beneficios de respaldar el terror hutí ha dejado de inclinarse a su favor.
