Irán desmiente a Trump sobre la suspensión de las ejecuciones
Teherán tachó las declaraciones de Trump de «disparates y palabrería sin fundamento» y prometió una respuesta «contundente, disuasoria y rápida».
Mardo Soghom fue periodista y responsable editorial en Radio Free Europe/Radio Liberty durante tres décadas: estuvo al frente de los servicios de Irán y Afganistán hasta 2020 y fue redactor jefe del sitio web en inglés de Iran International.

El presidente Donald Trump no solo canceló la prevista acción militar contra la República Islámica de Irán, sino que además agradeció públicamente a los dirigentes del régimen, el 16 de enero de 2026, que no hubieran llevado a cabo 800 ejecuciones, algo de lo que no había informado ninguna fuente oficial iraní. La declaración dejó atónitos a los iraníes en Estados Unidos y en el extranjero, que habían depositado sus esperanzas en las reiteradas promesas de Trump de proteger a los manifestantes castigando a la cúpula del régimen.
«Respeto enormemente el hecho de que todos los ahorcamientos previstos, que iban a tener lugar ayer (más de 800), hayan sido cancelados por los dirigentes de Irán. ¡Gracias!», escribió Trump en su plataforma Truth Social.
El comentario pareció envalentonar al líder supremo iraní, Ali Khamenei. El 17 de enero se reunió con altos cargos y reconoció que miles habían muerto, al tiempo que advertía de que las autoridades seguirían persiguiendo a quienes llamó «alborotadores». «No pretendemos arrastrar al país hacia la guerra», dijo Khamenei, «pero no dejaremos libres a los criminales internos». También lanzó amenazas más allá de las fronteras de Irán y añadió: «Tampoco dejaremos ir a los criminales internacionales».
Ese mismo día, el fiscal de Teherán también desestimó como «disparates y palabrería sin fundamento» las declaraciones de Trump de que las autoridades iraníes habían cancelado la ejecución de 800 personas, y subrayó que la respuesta de las autoridades sería «contundente, disuasoria y rápida».
Poco después, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicó en X un mensaje en persa en el que advertía de que Teherán estaba preparando opciones para atacar bases estadounidenses. El mensaje reiteraba que «todas las opciones siguen sobre la mesa» y advertía de que cualquier ataque contra activos estadounidenses sería respondido con «una fuerza muy, muy poderosa», y concluía: «Lo hemos dicho antes y lo repetimos: no jueguen con el presidente Trump».
La decisión de Trump parece haberse justificado internamente con la afirmación de que Irán había cancelado la ejecución de 800 detenidos. Aunque las autoridades judiciales iraníes habían anunciado planes para iniciar las ejecuciones el 14 y el 15 de enero, ninguna declaración oficial indicó que 800 personas fueran a ser ahorcadas en un solo día. Trump introdujo esa cifra sin atribuirla a fuente alguna, aparentemente para dar razonabilidad a su decisión de abstenerse de la intervención que había insinuado a comienzos de semana, cuando instó a los iraníes a permanecer en las calles y seguir protestando.
La secuencia de los acontecimientos desde el 9 de enero —cuando las manifestaciones se intensificaron y empezaron a parecerse a un levantamiento revolucionario— sugiere que la administración estadounidense estaba considerando una acción militar inmediata que nunca llegó a materializarse. Durante ese mismo periodo, las fuerzas de seguridad iraníes lanzaron una represión a escala nacional, empleando fuerza militar sostenida durante cuatro días y matando, según estiman los activistas, al menos a 20.000 civiles, lo que quebró de hecho el impulso del levantamiento.
La magnitud del derramamiento de sangre supera el número de muertos de un mes completo de la guerra en Ucrania, donde casi 1,5 millones de combatientes participan en los combates. Las estimaciones ucranianas cifran las bajas rusas en unos 1.000 muertos y heridos al día, con un total diario de fallecidos que suele situarse en unos pocos cientos.
Informaciones que circulan en las redes sociales iraníes describen a las fuerzas de seguridad matando a manifestantes heridos dentro de los hospitales o negándoles atención médica. Según esos informes, cientos de jóvenes iraníes han perdido uno o ambos ojos tras recibir disparos, a corta distancia, con perdigones, en un eco de las tácticas empleadas durante las protestas por Mahsa Amini de 2022.
Hay poco que sugiera que el régimen iraní haya paralizado de forma permanente las ejecuciones. Ningún alto cargo ha prometido contención, y se espera en general que el régimen reanude los ahorcamientos una vez restablecido plenamente el control interno y desvanecida la atención internacional. No está claro qué garantías, si acaso alguna, ha recibido Trump de que las ejecuciones no se reanudarán.
Algunos observadores sostienen que Trump no ha abandonado del todo la opción de atacar objetivos del régimen. Importantes medios militares se están desplazando hacia la región, entre ellos el grupo de combate del portaaviones USS Abraham Lincoln, en ruta desde el mar de China Meridional.
NBC y ABC han informado de que Trump suspendió el ataque después de que se le advirtiera de que Irán podría tomar represalias contra las fuerzas estadounidenses en la región. Un grupo de combate de portaaviones sería fundamental tanto para la disuasión como para contrarrestar lanzamientos de misiles balísticos iraníes, en caso de que se produjera una escalada. El USS Abraham Lincoln tardaría hasta diez días en llegar a la zona de operaciones de la Quinta Flota.
El despliegue, no obstante, también podría pretender ser una advertencia, y no el preludio de una campaña aérea. En ese caso, la decisión de Trump equivaldría a optar por disuadir nuevas atrocidades, en lugar de castigar las ya cometidas. Para Teherán, que ya ha llevado a cabo matanzas masivas y ha reafirmado su control, esa disuasión puede resultar poco costosa.
