Foro de Oriente Medio · Middle East Forum
Observer

Las doce millas: una escolta naval a la flotilla de Gaza que roza el desastre

Italia y España deberían ordenar a sus buques de guerra que interrumpan la escolta al entrar en el mar territorial de Israel.

Gregg Roman es el director ejecutivo del Foro de Oriente Medio (Middle East Forum). En 2014, la Jewish Telegraphic Agency lo nombró uno de los «diez líderes judíos más inspiradores del mundo», y anteriormente fue asesor político del viceministro de Asuntos Exteriores de Israel y trabajó para el Ministerio de Defensa israelí. Orador habitual sobre asuntos de Oriente Medio, el Sr. Roman ha testificado ante el Congreso y la Knéset, y aparece en canales internacionales de noticias como Fox News, i24NEWS, Al Jazeera, BBC World News y los Canales 12 y 13 de Israel. Estudió seguridad nacional y comunicaciones políticas en American University y en el Centro Interdisciplinario de Herzliya (Interdisciplinary Center in Herzliya), y ha colaborado con The Hill, Newsweek, Los Angeles Times, Miami Herald y Jerusalem Post.

The Israeli navy.
La marina israelí. · Shutterstock

Dos buques de guerra de la OTAN escoltan a una flotilla en rumbo de colisión no solo con la Armada israelí, sino también con los principios del derecho marítimo internacional. La «Global Sumud Flotilla» se entrega al teatro político al desafiar el bloqueo marítimo legal de Israel sobre Gaza. Mientras la fragata italiana Alpino y el patrullero español Furor conducen este convoy de más de cincuenta embarcaciones civiles hacia el límite de las doce millas náuticas de las aguas soberanas de Israel, cruzan la línea que separa la ayuda humanitaria de la complicidad en un acto ilegal. No es una protesta: es una provocación con consecuencias militares.

El marco jurídico es inequívoco. En 2011, un panel del Secretario General de las Naciones Unidas, el «Informe Palmer», avaló el bloqueo naval israelí como una medida de seguridad legítima. El Manual de San Remo, que rige los conflictos armados en el mar, autoriza la interceptación y captura de buques que intenten forzar un bloqueo de este tipo. En el momento en que la flotilla entre en el mar territorial israelí de doce millas náuticas, su tránsito dejará de ser «inocente» conforme a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR). Al facilitar esa vulneración, los buques de guerra europeos pasan a ser parte de la violación. Los artículos 25 y 30 de la CONVEMAR no son sugerencias: facultan al Estado ribereño para adoptar las medidas necesarias a fin de impedir el paso no inocente y expulsar al buque de guerra infractor.

En el plano operativo, la dinámica dentro de las doce millas náuticas se inclina de forma decisiva a favor de Israel. La fragata italiana Alpino es un buque capaz, pero operaría en el límite de su red de apoyo. El OPV español Furor, una unidad ligeramente armada y diseñada para tareas de guardacostas, es un lastre en un entorno de alta amenaza: necesita protección más que proporcionarla. Israel, en cambio, combatiría en su propia zona litoral bajo un sistema denso y escalonado de inteligencia integrada procedente de aviones G550 de alerta temprana, corbetas Sa’ar 6 dotadas de sistemas de defensa aérea Barak-8 y C-Dome, misiles antibuque Gabriel V y la amenaza siempre presente de los submarinos de la clase Dolphin. Un ataque coordinado y desde varios ejes podría agotar rápidamente las reservas de munición defensiva de las escoltas.

La escalada es corta y empinada. Comienza con advertencias por radio y maniobras de bloqueo y progresa hacia acciones no cinéticas como el enganche con radares de control de tiro y la inhibición de comunicaciones. Si la flotilla, envalentonada por su escolta naval, se resiste a las órdenes de detenerse, al comandante israelí no le quedará más opción que hacer cumplir el bloqueo. Un enfrentamiento cinético probablemente se traduciría en la inutilización operativa de un buque europeo, dejando peligrosamente expuestos a los civiles a los que debía proteger y creando una crisis dentro de la OTAN.

Los defensores de la misión sostendrán que se trata de un acto humanitario para proteger a civiles y citarán la opinión consultiva de julio de 2024 de la Corte Internacional de Justicia para deslegitimar el bloqueo. Ese argumento es una lectura errónea del derecho. El Informe Palmer de la ONU de 2011 ratificó específicamente la legalidad del bloqueo, una conclusión directa que la opinión más amplia y no vinculante de la Corte Internacional de Justicia no deja sin efecto. Además, el carácter de la misión se transforma de presencia humanitaria a acción ilegal en el instante en que cruza la línea de las doce millas. En ese punto, las escoltas dejan de ser protectoras: pasan a ser partícipes de un acto ilícito.

La afirmación de que se trata de una misión puramente humanitaria se derrumba ante el ofrecimiento permanente de Israel de permitir que la flotilla atraque en el puerto de Ashdod para su inspección y el traslado de mercancías legítimas a Gaza; un ofrecimiento que, además, se suma al rechazo de la flotilla a una propuesta, mediada por Italia, para descargar su cargamento en Larnaca, Chipre. Una misión centrada en la entrega de ayuda aceptaría esa opción. El rechazo de este ofrecimiento deja al descubierto el deseo de la flotilla de forzar una confrontación política y militar en el mar.

Para resolver la crisis, los gobiernos de Italia y España deberían ordenar a sus buques de guerra que detengan toda operación de escolta dentro del mar territorial israelí y limiten su misión a la observación en aguas internacionales. Para evitar una crisis dentro de la OTAN, la Sexta Flota de Estados Unidos debe comunicar en privado a sus aliados de la OTAN que no respaldará a ningún buque implicado en esta vulneración ilegal. Las Fuerzas de Defensa de Israel, por su parte, deben seguir preparando una respuesta disciplinada, priorizando advertencias claras y medios no cinéticos para detener a la flotilla, haciendo cumplir el bloqueo con la mínima fuerza necesaria.

El riesgo no es un incidente naval aislado, sino el precedente que sienta. Una vulneración exitosa, aunque sea simbólica, abriría un corredor permanente para que actores malignos —entre ellos Irán y sus delegados— lo exploten bajo la apariencia del humanitarismo. La elección que hoy están haciendo Roma y Madrid en el Mediterráneo oriental no trata solo de esta flotilla. Es una decisión que reforzará la arquitectura jurídica de la seguridad marítima o entregará una victoria estratégica a quienes pretenden desmantelarla.