Irán ataca Najicheván y lanza un mensaje a Azerbaiyán e Israel
La geografía del exclave azerbaiyano permite a Teherán exhibir su alcance militar sin asumir el riesgo de una confrontación directa.
Umud Shokri es un estratega energético y asesor de política exterior radicado en Washington, D.C., con más de dos décadas de experiencia en seguridad energética, política climática y transiciones energéticas globales.

El ataque con drones del 5 de marzo de 2026 contra el exclave azerbaiyano de Najicheván evidenció un esfuerzo iraní deliberado por elevar la confrontación con Israel y Estados Unidos. Al golpear un enclave azerbaiyano próximo a su frontera norte, Teherán quiso lanzar un doble mensaje: advertir a Israel de que los puntos de apoyo que utiliza para su infraestructura de inteligencia están expuestos y disuadir a Azerbaiyán de profundizar la cooperación de seguridad en tiempo de guerra con Jerusalén. Las autoridades azerbaiyanas informaron de que drones lanzados desde territorio iraní alcanzaron infraestructuras civiles, entre ellas la terminal del Aeropuerto Internacional de Najicheván y una escuela en la aldea de Shakarabad.
Teherán negó su responsabilidad. Cargos iraníes, entre ellos el viceministro de Asuntos Exteriores Kazem Gharibabadi, afirmaron que el ataque pudo haber sido una operación de bandera falsa destinada a dañar las relaciones entre Estados musulmanes. Esas negativas reflejan un patrón iraní conocido: ejercer presión militar mientras busca una negación plausible.
La elección de Najicheván fue significativa. El exclave azerbaiyano limita con Irán, Armenia y Turquía. Su geografía permite a Irán exhibir su alcance militar y, al mismo tiempo, reducir al mínimo el riesgo de una confrontación directa con Azerbaiyán en su territorio principal.
El ataque se enmarca además en el deterioro de las relaciones entre Irán y Azerbaiyán. Ambos países comparten una frontera de unas 428 millas, e Irán alberga una numerosa población de etnia azerbaiyana, estimada entre 15 y 20 millones de personas. Los dirigentes iraníes temen desde hace tiempo que unos vínculos más estrechos entre Bakú y sus socios occidentales puedan alentar el sentimiento separatista dentro de Irán.
La evolución regional de los últimos años ha intensificado esas inquietudes. Las victorias de Azerbaiyán en los conflictos de Nagorno Karabaj de 2020 y 2023 reforzaron su posición militar en el Cáucaso Sur y consolidaron su alianza con Turquía. Al mismo tiempo, Azerbaiyán profundizó su cooperación en defensa con Israel. Empresas israelíes suministran una parte sustancial del equipamiento militar avanzado de Azerbaiyán, incluidos drones y sistemas de misiles.
Los cargos iraníes acusan a Azerbaiyán de permitir que los servicios de inteligencia israelíes operen desde su territorio. Teherán sostiene que esa cooperación permite vigilar instalaciones nucleares y militares iraníes, en particular en el noroeste del país, cerca de Tabriz. Sean o no exactas, estas acusaciones condicionan el pensamiento estratégico iraní.
El aislamiento geográfico de Najicheván incrementa aún más su importancia estratégica. El exclave está separado del territorio principal de Azerbaiyán por territorio armenio y depende de rutas de tránsito frágiles. Irán se opone al corredor propuesto para unir el territorio principal azerbaiyano con Najicheván a través de Armenia, con el argumento de que el proyecto reforzaría la influencia turca y debilitaría el papel de Irán como plataforma regional de tránsito que conecta el Cáucaso y Oriente Medio.
Mientras los dirigentes iraníes buscaban ampliar la presión sobre Washington y Jerusalén extendiendo sus objetivos más allá de Irán e Israel, Najicheván se presentó como un blanco conveniente. El aeropuerto se encuentra a unas seis millas de la frontera iraní, lo que reduce la capacidad de Azerbaiyán para interceptar drones. Al golpear el aeropuerto de Najicheván, Irán demostró que las infraestructuras potencialmente vinculadas a esas actividades siguen siendo vulnerables y elevó el coste de la cooperación de Bakú con Jerusalén. Las fuerzas azerbaiyanas interceptaron un dron, pero no lograron impedir que otros alcanzaran sus objetivos. Los analistas creen que las armas empleadas pudieron ser municiones de merodeo, similares a los sistemas que Irán ha desplegado en otros conflictos regionales. Ese tipo de armamento permite ataques limitados contra infraestructuras poco defendidas, manteniendo la ambigüedad operativa.
Atacar Najicheván limita también el riesgo de una implicación militar turca inmediata. Un golpe directo contra el territorio principal de Azerbaiyán podría haber desencadenado una respuesta más contundente al amparo de la Declaración de Shusha de 2021, que formalizó la cooperación en defensa entre Ankara y Bakú.
Aun así, la estrategia entraña riesgos. Azerbaiyán ha advertido de que podría responder militarmente, lo que abre la posibilidad de ataques de represalia o de una escalada transfronteriza. Turquía mantiene una estrecha asociación estratégica con Azerbaiyán y Rusia sigue ejerciendo influencia en todo el Cáucaso Sur. La inestabilidad en la región amenaza infraestructuras energéticas de mayor alcance. Irán, por su parte, mantiene un comercio significativo con Azerbaiyán y coopera mediante intercambios de gas; un conflicto militar directo perjudicaría los intereses energéticos iraníes si Bakú dejara de ofrecer a Teherán un canal para eludir las restricciones a la exportación.
El ataque iraní contra Najicheván ilustra tanto la eficacia como el peligro de las tácticas militares con negación plausible. Al atacar un enclave vulnerable cerca de su frontera, Teherán advirtió a Israel de que sus puntos de apoyo de inteligencia en el norte siguen expuestos, al tiempo que avisó a Azerbaiyán de que su asociación de seguridad con Israel conlleva costes estratégicos crecientes. Sin embargo, las estrategias de presión calibrada suelen producir resultados imprevisibles. Lo que Irán concibió como una señal controlada podría, en cambio, intensificar las tensiones regionales.
