Cinco claves de la presunta injerencia electoral de Catar en Israel
Un diputado de la Knéset afirmó en agosto que los partidos árabes israelíes iban a «poner a prueba la democracia israelí».
Richard Pollock ha sido reportero nacional durante 45 años, entre otros cargos como productor —galardonado con un premio Emmy— a lo largo de la década que trabajó en «Good Morning America», de ABC, donde fue productor de la Casa Blanca y el Pentágono. Actualmente escribe una columna en Substack titulada «A World in Crisis».

Todo indica que Catar y otros dos países no identificados podrían haber financiado ilegalmente a partidos árabes israelíes con dinero para «aceitar» la movilización, con el objetivo de animar a los árabes israelíes a acudir a las urnas el 27 de octubre de 2026. El presidente del Comité Electoral Central de Israel, el juez Noam Sohlberg, ha ordenado una investigación sin precedentes por parte del servicio de seguridad interior israelí, el Shin Bet, ante «graves sospechas de influencia indebida mediante financiación extranjera».
Según el Canal 12 israelí, el Shin Bet apunta a Catar. Los fondos buscaban impulsar el voto árabe israelí, a través de canales utilizados anteriormente para trasladar fondos del terrorismo. El Canal 12 informa también de que «la Agencia de Seguridad de Israel (Shin Bet) está examinando si al menos otros dos países, además de Catar, intentaron interferir activamente en las elecciones a la Knéset mediante influencia indebida».
La noticia llega después de que la participación del voto árabe israelí aumentara hasta el 80 por ciento. Es probable que ese nivel de afluencia haya elevado de diez a 19 escaños —récord histórico— la representación de los actuales diputados árabes en la Knéset. ¿Fue este un plan de Catar y otros actores musulmanes para provocar desorden político interno en Israel utilizando a los árabes israelíes como quinta columna?
La punta del iceberg apareció cuando detectives del Distrito Sur de Israel detuvieron a cuatro activistas del partido árabe Ra'am por sospechas de soborno electoral. En sus domicilios, los detectives hallaron decenas de miles de séqueles junto con papeletas y una inscripción en sobres que decía: «Regalos del movimiento islámico». ¿Procedían esos «regalos» de Catar?
Hay precedentes en otros lugares. Catar actuó a través de Fahad Yasin, antiguo productor de Al Jazeera próximo a grupos terroristas proscritos en el Cuerno de África, para financiar a numerosos políticos en apoyo del expresidente Mohamed Farmaajo. A menudo se jactaba ante otros somalíes de su papel como recaudador de Catar. El plan funcionó, y Farmaajo nombró a Yasin jefe de los servicios de inteligencia.
Observadores electorales y responsables de mesas de votación en numerosas comunidades árabes israelíes informaron de haber visto a votantes con vales de combustible y tarjetas regalo, presuntamente distribuidos cuando acudían a votar. Los informes señalaban que algunos votantes reconocieron haber recibido las tarjetas a cambio de votar a Ra'am. Dirigentes del Likud han denunciado que hubo fraude electoral generalizado, sobornos y manipulación de papeletas como parte de una operación coordinada a escala nacional por personas vinculadas al movimiento islámico.
Ra'am es el brazo político de la Rama Sur del Movimiento Islámico en Israel, un movimiento históricamente inspirado por los Hermanos Musulmanes. El líder de Ra'am y diputado de la Knéset, Mansur Abás, insinuó una movilización árabe al afirmar en agosto que los partidos árabes israelíes iban a «poner a prueba la democracia israelí». Abás también ha calificado a Hamás de organización benéfica, no de grupo terrorista.
¿Cuáles son las conclusiones si detrás del humo hay fuego?
Tanto la coalición del Likud como el opositor «Bloque del Cambio» apelaron a argumentos, pasiones y asuntos concretos. ¿La motivación de los árabes israelíes para votar? Dinero en efectivo, tarjetas de combustible y tarjetas regalo. Eso socava la práctica de la democracia y plantea dudas sobre el compromiso con ella.
La existencia de partidos árabes israelíes y de diputados árabes israelíes en la Knéset contrasta con lo que ocurre en casi todos los países musulmanes, donde no existen partidos políticos judíos legales. Israel es la única democracia real de Oriente Medio que concede plenos derechos de voto a sus ciudadanos musulmanes, así como a otras minorías.
Las campañas dentro de Israel contrastan con la cancelación, el mes pasado, de las elecciones de la Autoridad Palestina, previstas en su día para el mes próximo, por parte del presidente palestino Mahmud Abás, que cumple ya el vigésimo segundo año de un mandato electo de cuatro años. Desde que se convirtió en jefe de la Autoridad Palestina en 2005, Abás ha cancelado todas las elecciones, pese a que los Acuerdos de Oslo, en los que se basan la legitimidad y la existencia de la Autoridad Palestina, exigen elecciones cada cuatro años. En ese mismo periodo, Israel ha tenido cinco primeros ministros de distintos partidos políticos: Ariel Sharon, Ehud Olmert, Benjamin Netanyahu, Naftali Bennet y Yair Lapid.
Catar niega haber canalizado dinero hacia manos árabes israelíes. Pero Catar, que fue un importante financiador de Hamás, es una potencia económica. Niega una y otra vez recurrir al dinero para influir en la opinión pública, aunque múltiples filtraciones de la última década muestran lo infundado de sus desmentidos y sus esfuerzos por influir, por ejemplo, en la enseñanza universitaria y por sesgar la cobertura en medios de comunicación que controla. Es un Estado enemigo decidido a ver la extinción de Israel.
Las acusaciones de influencia extranjera no anularán los resultados electorales, en los que Netanyahu obtiene el mayor respaldo. Sin embargo, podrían invalidar parte o la totalidad del voto árabe israelí, especialmente el de Ra'am, que parece ser uno de los principales partidos detrás de la campaña de soborno electoral. El partido de Netanyahu llama al escándalo «el caso Ra'amgate» y un «terremoto».
Sin duda, habrá más revelaciones. El Shin Bet debe presentar un informe en el plazo de una semana.