¿Qué hace el Human Development Fund con su dinero?
El papeleo de una organización benéfica respaldada por islamistas oculta en qué se gasta el dinero.
Leslie Kajomovitz es una periodista con más de 20 años de experiencia en información internacional.

En sus plataformas públicas, el Human Development Fund (HDF) se presenta como una organización benéfica humanitaria internacional dedicada a «romper el ciclo de la pobreza». Orientado principalmente a donantes musulmanes estadounidenses, promociona una cartera de programas humanitarios que incluye alimentos de emergencia, agua potable e infraestructuras de saneamiento, apadrinamiento de huérfanos y asistencia médica. Opera en 27 países, con especial atención a Gaza.
Aunque la organización, fundada en 2023, no difunde propaganda antiisraelí explícita, Omar Suleiman, fundador del Yaqeen Institute for Islamic Research, quien ha declarado que el «proyecto sionista está enteramente construido sobre el exterminio palestino», actúa como destacado promotor del trabajo del HDF.
Gracias al apoyo de personas como Suleiman y de otros destacados intelectuales musulmanes, como Altaf Hussein, que cumplió dos mandatos como presidente de la Muslim Student Association, una organización fundada por los Hermanos Musulmanes, el HDF ha experimentado un crecimiento extraordinario desde su fundación. Sus ingresos se dispararon de 1,1 millones de dólares en 2023 a más de 33 millones en 2024, un aumento de casi el 3.000 por ciento. Este incremento de las donaciones resulta especialmente inquietante dadas sus conexiones con líderes islamistas en Estados Unidos, las dudas sobre sus operaciones financieras y su red de beneficiarios de subvenciones, tanto en el ámbito nacional como en el extranjero.
El respaldo público al HDF procede en gran medida de figuras como Suleiman, pero su dirección también se adentra en el mundo de la contratación federal. Mohamed Hussein, que figura en el comité ejecutivo del HDF, es fundador y consejero delegado de Piedmont Global Language Solutions, una empresa con sede en Virginia que presta servicios de traducción y consultoría cultural al Departamento de Defensa, al Departamento de Seguridad Nacional y a agencias federales de inteligencia.
Los vínculos del HDF con el Dar Al-Farooq Islamic Center
Los dirigentes del HDF mantienen estrechos vínculos con el Dar Al-Farooq Islamic Center, en Bloomington, Minnesota, que funcionó como punto de distribución de comidas dentro del programa federal Child Nutrition Program durante el fraude de Feeding Our Future. Aquella trama condujo a la condena de decenas de acusados por conspirar para robar unos 250 millones de dólares destinados a proporcionar comidas gratuitas a niños de familias con bajos ingresos. Los operadores vinculados al local declararon volúmenes diarios elevados que los fiscales describieron después como inflados.
Un directivo del HDF con vínculos con Dar Al-Farooq es Abdirahman Aden Kariye, exdirector nacional de Helping Hand for Relief and Development (HHRD), otra organización sin ánimo de lucro musulmana que ha sido objeto de escrutinio por presuntas asociaciones que implicaban a la Falah-e-Insaniat Foundation (FIF), una tapadera de Lashkar-e-Taiba designada por Estados Unidos, lo que motivó una investigación del Inspector General de USAID. Kariye, que actualmente ejerce como presidente y consejero delegado del HDF, es también imán en Dar Al-Farooq.
Kariye declaró como testigo de la defensa en el juicio de 2024 contra Mukhtar Mohamed Shariff, miembro veterano de la mezquita y acusado condenado que supervisaba aspectos de la operación alimentaria allí. En su testimonio, Kariye, viejo amigo de Shariff, afirmó que observó la distribución de alimentos en la mezquita tras convertirse en imán a mediados de 2021 y que consideraba plausibles los volúmenes declarados. Los fiscales calificaron partes de ese testimonio de inexactas; otros testigos describieron una distribución más limitada (principalmente los sábados).
Khalid Omar, director de Eventos y Operaciones Nacionales del HDF, fue también directivo en Dar Al-Farooq. En 2021, mientras el fraude estaba en marcha, Omar presentó una ceremonia de premios que homenajeó a Aimee Bock, condenada después como figura central de la trama, y la elogió públicamente como una líder comunitaria sólida, además de elogiar el programa Feeding Our Future.
Omar es asimismo organizador sénior en ISAIAH y colabora con Faith in Minnesota, ambas redes de defensa de intereses del tipo 501(c)(4) centradas en la movilización política, incluidas campañas contra la aplicación federal de las leyes de inmigración. Durante el endurecimiento federal de la aplicación de las leyes de inmigración de principios de 2026, conocido como Operation Metro Surge, estas redes encabezaron manifestaciones públicas a gran escala, que culminaron en una gran jornada de acción el 23 de enero de 2026. Ese día, ISAIAH y Faith in Minnesota organizaron una protesta pública en el Aeropuerto Internacional de Minneapolis-St. Paul, donde decenas de activistas y miembros del clero fueron detenidos por cargos de desobediencia civil y allanamiento.
Los beneficiarios de las subvenciones del HDF
Según las declaraciones del HDF ante el IRS correspondientes a 2024, en las que se indica que la sede de la organización se encuentra en Michigan, 16.092.667 dólares de sus ingresos fueron contribuciones directas, aproximadamente el 50 por ciento. La otra mitad, 16.286.025 dólares, consistió en «contribuciones no dinerarias» de productos farmacéuticos y suministros médicos que, a juzgar por el importe, parecían seguir sin distribuirse al cierre del ejercicio fiscal de 2024.
Con la mitad de sus ingresos declarada como no distribuida a finales de 2024, el modo en que se gastó la otra mitad deja ver la maquinaria agresiva que impulsa la operación. El HDF, que no respondió a las consultas de Focus on Western Islamism, gastó bastante más en publicidad (3,13 millones de dólares) que los 2,69 millones que entregó a beneficiarios en África, Asia y Oriente Medio en 2024.
En 2024, el HDF declaró haber gastado 3.132.170 dólares en «Publicidad y promoción», alrededor del 27 por ciento de todo su presupuesto de gastos, pese a anunciar públicamente que solo el 9 por ciento de las contribuciones se destina a costes de marketing y operativos.
En lo que podría ser un intento de evitar que su factura publicitaria active alertas en sitios de vigilancia de organizaciones benéficas como Charity Navigator, que penalizan a las entidades con gastos generales de captación de fondos inusualmente altos, el HDF parece recurrir a un método contable conocido como asignación de costes conjuntos. Al declarar que sus anuncios de captación de fondos cumplían también una finalidad «educativa» o «programática», las declaraciones del HDF repartieron una factura de coste conjunto entre las partidas de «Program Services» (servicios del programa) y «Fundraising Expenses» (gastos de captación de fondos) con una división matemática exacta del 50/50, con exactamente 1.566.085 dólares consignados en cada categoría.
Las declaraciones financieras muestran además que se han entregado millones de dólares a una red de organizaciones sin ánimo de lucro con sede en Estados Unidos vinculadas a la dirección de la organización. Estas principales entidades beneficiarias comparten órganos de gestión y gobierno con el propio HDF, lo que crea un sistema en el que los fondos se transfirieron entre entidades estrechamente relacionadas dentro de Estados Unidos, en lugar de poder rastrearse hasta proyectos humanitarios.
El Miftaah Institute, en Warren, Michigan, recibió 722.000 dólares del HDF. Aunque en la declaración ante el IRS el beneficiario figura como «International Islamic Faith», el número de identificación fiscal facilitado corresponde directamente al EIN oficial de Miftaah: 85-0828075. Miftaah aparece también, junto al HDF, como organización asociada de Dar Al-Farooq, y sus eruditos participan en las campañas de recaudación de fondos del HDF. El Miftaah Institute funciona como incubadora ideológica del islamismo radical en Occidente al ofrecer plataformas a figuras de línea dura como Shaykh Yasir Qadhi y Omar Suleiman. Mediante alianzas estratégicas con organizaciones como el Qalam Institute, Miftaah normaliza agendas islamistas transnacionales para el público estadounidense.
El HDF concedió también 250.510 dólares al Al Jazari Institute, otra organización conectada con Dar Al-Farooq. El Al Jazari Institute no es un simple beneficiario independiente: es la organización matriz sin ánimo de lucro y el programa de seminario central bajo el cual opera directamente el Dar Al-Farooq Center. Al canalizar un cuarto de millón de dólares hacia el Al Jazari Institute, el HDF se convirtió en el mayor donante de la institución.
Otra subvención de 52.000 dólares se entregó a la Qalam Foundation, cuya dirección se solapa con el Shariah Guidance Board del HDF a través del Qalam Institute, con sede en Texas, en particular a través de Shaykh AbdulNasir Jangda, fundador y presidente de Qalam.
Qalam es la organización deobandi más importante e influyente de Estados Unidos y funciona como principal seminario de formación, integrando a imanes, educadores y líderes comunitarios de línea dura en mezquitas de todo el país. Entre sus dirigentes principales figuran Abdul Nasir Jangda y Hussain Kamani, que han justificado castigos tradicionalistas violentos y la esclavitud sexual, y han avalado la muerte de los adúlteros. Kamani calificó a la sociedad secular occidental de «inmundicia», al declarar: «Estamos rodeados de inmundicia… nuestro entorno está lleno de esta inmundicia, allá donde nos giremos».
En total, más de un millón de dólares se dirigió a una red conectada de organizaciones vinculadas a los directivos del HDF.
Mientras que el rastro del dinero en el interior del país es rastreable, el rastro internacional ofrece anonimato total. El HDF dejó completamente en blanco los nombres de los beneficiarios extranjeros y agrupó los fondos en bloques geográficos genéricos. El HDF declara que entregó algo más de 2 millones de dólares a beneficiarios no revelados en Oriente Medio y el Norte de África, 558.000 dólares a beneficiarios sin identificar en otras partes de África y algo menos de 50.000 dólares a beneficiarios sin identificar en el sur de Asia.
Las declaraciones del HDF consignan cero oficinas, empleados y agentes fuera de Estados Unidos, lo que indica que el HDF opera enteramente como una organización financiadora de mera intermediación, sin estructura visible. La ausencia declarada de personal internacional en los formularios federales contradice su material de marketing. En su portal «Gaza Relief», el HDF afirma que mantiene una plantilla sobre el terreno de «más de 90 miembros de equipo» dentro de Gaza que gestionan caravanas médicas móviles, cocinas de comidas calientes y escuelas aprobadas por el Ministerio de Educación de Hamás. El HDF sostiene asimismo que el transporte de ayuda física a través de los pasos fronterizos hacia Gaza puede verse «gravemente limitado por restricciones de seguridad». Por ello, el HDF afirma que depende de la «compra de suministros disponibles a mayoristas locales» ya presentes en Gaza.
La dirección del HDF es claramente consciente del escrutinio que sufren las organizaciones benéficas musulmanas dentro del sistema financiero. En una publicación de 2024 en su página de Facebook, el HDF anunció que el consejero delegado Abdirahman Kariye había recibido a Irshad Rasheed, presidente de la Islamic Banking Division de Stearns Bank N.A., en la oficina de la organización en Minneapolis para «explorar oportunidades de colaboración». La razón esgrimida fue el valor de «unas relaciones sólidas con los bancos, especialmente para las organizaciones benéficas y entidades de base musulmana que a menudo afrontan problemas de exclusión bancaria».
La conclusión es esta: el HDF, una organización benéfica que recaudó 33 millones de dólares en su segundo año de actividad, gastó más en publicidad que lo que concedió en el extranjero, canalizó más de un millón de dólares hacia organizaciones dirigidas por sus propios responsables y declaró millones más a beneficiarios extranjeros que se negó a nombrar, todo ello mientras decía a sus donantes que emplea a noventa personas en un territorio donde, según sus propias declaraciones federales, no tiene a ninguna. Una organización que ha crecido tan deprisa gracias a la confianza de sus donantes les debe a ellos, y a los reguladores que le concedieron la exención fiscal, una rendición de cuentas más completa que la que han ofrecido sus declaraciones fiscales.
