¿Están ya China y Rusia implicadas en la guerra de Irán?
Ambos países desempeñan papeles que protegen diplomáticamente a Teherán y respaldan aspectos de su esfuerzo militar.
Mohamed Nabil Al-Bandari es investigador en el Centro Interregional de Análisis Estratégico (InterRegional Centre for Strategic Analysis), en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos).

Para Pekín y Moscú, la cooperación con Teherán obedece no solo a una afinidad diplomática, sino también a consideraciones prácticas. La cooperación de China con Irán brinda la oportunidad de observar y evaluar las capacidades militares occidentales en contextos operativos reales. Los conflictos en los que intervienen Irán y sus adversarios regionales permiten a los estrategas chinos recabar información sobre la eficacia de los sistemas estadounidenses de defensa antimisiles, los aviones furtivos, las capacidades de ataque de precisión y las operaciones de guerra electrónica. Estas observaciones son valiosas para el Ejército Popular de Liberación, que acelera su modernización ante la eventualidad de conflictos con adversarios tecnológicamente avanzados.
Un actor clave en este esfuerzo es la Novena Oficina del Ministerio de Seguridad del Estado, que, según se informa, opera ahora en Teherán para ayudar a la República Islámica a contrarrestar las actividades del Mossad y de la Agencia Central de Inteligencia en Irán y en la región.
En este contexto, la cooperación técnica y sobre el terreno de China con Irán durante el conflicto en curso con Israel incluye el suministro de sensores y sistemas de radar chinos avanzados, como el YLC-8B. Este sistema rastrea aviones furtivos estadounidenses y realiza vigilancia electrónica, con un alcance de detección superior a las 220 millas para objetivos furtivos, lo que proporciona a Irán un aviso anticipado frente a las amenazas israelíes. China también asiste a Irán en la investigación de intrusiones en sus registros civiles y pasaportes por parte de actores extranjeros. Además, China está guiando a Irán hacia la adopción plena del sistema chino de navegación por satélite BeiDou como alternativa al Sistema de Posicionamiento Global estadounidense, lo que reduce al mínimo los riesgos de manipulación y permite el seguimiento preciso de objetivos iraníes internos.
Desde un punto de vista estratégico, la motivación principal de China para ayudar a Irán no es el apoyo militar convencional, sino impedir un colapso de la seguridad en Irán que pudiera poner en riesgo las cuantiosas inversiones chinas en el marco de la Asociación Estratégica Integral de veinticinco años con Irán y de las rutas de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China.
Y China no está sola. Tres altos funcionarios estadounidenses declararon a The Washington Post que Rusia proporciona a Irán información de inteligencia, incluidas las ubicaciones de buques y aeronaves estadounidenses en todo Oriente Medio. Tanto el presidente ruso, Vladímir Putin, como el Kremlin, en términos más generales, negaron las acusaciones de un acuerdo por el cual Rusia recortaría la asistencia a Irán a cambio de un recorte similar de Estados Unidos a Ucrania. La vicepresidenta de la Comisión Europea, Kaja Kallas, confirmó la existencia de información de inteligencia que señala la complicidad de Rusia en el suministro de apoyo de inteligencia a Irán para localizar y matar a estadounidenses.
Rusia ha proporcionado inteligencia que permite a Irán atacar a las fuerzas estadounidenses en la región. Otros informes indican que Moscú compartió con Teherán las posiciones de buques de guerra, aeronaves y otros activos militares estadounidenses en la región durante los primeros días del conflicto. Rusia también suministró a Irán imágenes por satélite de activos de la Fuerza Aérea estadounidense, lo que permitió una selección de objetivos más precisa y la evaluación de daños tras los ataques.
Aunque ni Rusia ni China han intervenido directamente en favor de Irán durante el conflicto, ambos países desempeñan papeles que protegen diplomáticamente a Teherán y respaldan aspectos de su esfuerzo militar. La conducta de Rusia durante la guerra ha reforzado su papel como principal apoyo externo de Irán. En público, Moscú se presenta como un mediador neutral que ofrece facilitar un alto el fuego mediante contactos con los líderes árabes del Golfo, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y el presidente Donald Trump, mientras que en privado respalda el esfuerzo militar iraní. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso condenó los ataques estadounidenses e israelíes como una «agresión armada injustificada», y Putin afirmó el «apoyo firme» de Rusia a Teherán, mientras el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguraba que la mediación rusa «sigue sobre la mesa». Este doble enfoque sirve a los intereses rusos con independencia del resultado: si la mediación prospera, Moscú consolida su posición como intermediario influyente en la región; si el conflicto continúa, el alza de los precios del petróleo ayuda a financiar la guerra de Rusia en Ucrania, mientras que la persistente inestabilidad regional desvía la atención y los recursos de Estados Unidos de Ucrania.
La cooperación entre China, Rusia e Irán refleja una estrategia tridimensional. China busca proteger sus inversiones y poner a prueba sus capacidades. Rusia aprovecha el conflicto para incrementar su influencia regional y diplomática, al tiempo que mitiga las presiones financieras derivadas de la guerra de Ucrania gracias al alza de los precios del petróleo. E Irán refuerza su capacidad de responder militar y diplomáticamente a Estados Unidos e Israel. Los responsables políticos estadounidenses deben reconocer que ya no controlan los límites del conflicto y, al mismo tiempo, elaborar una estrategia para contrarrestar las actividades chinas y rusas.