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Middle East Quarterly

Drones e islamismo político: el complejo militar-tecnológico turco impulsa el intervencionismo

Ankara convierte sus aviones no tripulados en instrumento de poder duro y de proyección ideológica, del Magreb al Cáucaso, al servicio del neootomanismo de Erdoğan.

Mohammad Taha Ali es estudiante de posgrado de la Jamia Millia Islamia de Nueva Delhi, India, especializado en resolución de conflictos y asuntos estratégicos.

Ankara’s Drones Signal Erdoğan’s Global Ambitions and Islamist Politics
Los drones de Ankara revelan las ambiciones globales de Erdoğan y su política islamista · (Photo: Turkish Military Combat Drone • Adobe Stock/asset ID 424937833; licensed via Adobe Stock)

Este trabajo examina la intersección entre la guerra con drones y el islam político en la actual política exterior turca, y sostiene que el floreciente complejo militar-tecnológico de Turquía —sustentado en empresas como Baykar— ha hecho posible una nueva forma de intervencionismo en Asia Occidental, el norte de África y el Cáucaso. A partir del análisis de los despliegues de drones turcos en Libia, Siria, Nagorno Karabaj y otros escenarios, el estudio muestra cómo los sistemas aéreos no tripulados (UAS, por sus siglas en inglés) se han convertido en instrumentos no solo de poder duro, sino también de proyección ideológica alineada con la visión de Ankara del neootomanismo y la solidaridad islamista. El análisis sitúa la diplomacia de los drones turcos dentro de ambiciones geopolíticas más amplias, en las que la fusión entre la innovación de la industria de defensa y el islam político bajo el liderazgo de Erdoğan da lugar a una forma singular de intervencionismo asertivo y apoyado en la tecnología. El texto se pregunta asimismo de qué modo el uso turco de los drones difumina las fronteras entre los intereses de seguridad del Estado y las redes religioso-políticas transnacionales, y reconfigura los paradigmas convencionales de influencia regional, formación de alianzas y soberanía.

La súbita irrupción de Turquía como potencia emergente en el ámbito de los drones ha reconfigurado de raíz su acción exterior. En la última década, Ankara ha construido un sector autóctono de aviación no tripulada —encabezado por los drones de combate Bayraktar TB2 de Baykar— que se ha convertido a la vez en instrumento estratégico y en motivo de orgullo nacional. Estos aparatos han permitido a Ankara proyectar poder militar a bajo coste en Libia, Siria, Nagorno Karabaj y otros lugares, remodelando los campos de batalla regionales y proyectando el poder de Ankara. En el plano interno, el triunfo de la industria turca de drones bajo el presidente Recep Tayyip Erdoğan se ha convertido en una mitología ideológica sobre una Turquía en ascenso que recupera sus glorias de época otomana y domina el mundo musulmán. Esta fusión de ideología guiada por el islamismo y tecnología militar está rehaciendo Oriente Medio y amenaza los intereses estadounidenses.

El análisis que sigue describe la revolución turca de los drones, sus usos en el campo de batalla, sus fuentes ideológicas y sus implicaciones estratégicas más amplias, con conclusiones claras y recomendaciones políticas para los responsables estadounidenses. [1] La industria de defensa turca ha pasado de la dependencia exterior a una producción nacional asertiva, encabezada por los drones. El Bayraktar TB2, un UAV de altitud media y larga autonomía fabricado por la empresa privada Baykar, es el mejor ejemplo. Lo que un día fue una modesta aventura aeronáutica, copropiedad de la familia del presidente Erdoğan (el fundador de Baykar, Selçuk Bayraktar, es yerno de Erdoğan), alcanzó renombre internacional a finales de la década de 2010. El TB2 es comparativamente barato (en el entorno de unos pocos millones de dólares por aparato), pero puede transportar munición guiada de precisión y permanecer en vuelo más de veinticuatro horas. Fue decisivo en su empleo inicial contra insurgentes en Siria y, posteriormente, en conflictos intensos con fuerzas convencionales. Desde entonces, Turquía ha incorporado a su arsenal de vehículos aéreos no tripulados (UAV) el UCAV Bayraktar Akıncı, de mayor envergadura (un dron de combate a gran escala), y el TB3 de despegue corto para su futuro portaaviones. Otras compañías turcas —en particular la estatal Turkish Aerospace Industries (TAI)— también han desarrollado drones (como la serie Anka), pero los productos de Baykar han sido el éxito emblemático. [2]

Este auge autóctono de los drones se ha visto impulsado por una inversión estatal enorme y por el favor político. La Presidencia de Industrias de Defensa (SSB) de Turquía ha canalizado fondos hacia empresas privadas para sortear controles de importación y sanciones, lo que ha dado lugar a una cadena de suministro sólida. Solo en 2024, Baykar obtuvo más de 1.800 millones de dólares en exportaciones (aproximadamente el 90 por ciento de su facturación), con ventas de drones a decenas de países. Se calcula que Turquía ha captado cerca del 65 por ciento del mercado mundial de exportación de drones armados de altitud media. Baykar ya ha cerrado contratos para su variante TB2, vendida a más de treinta gobiernos, y otros diez para el Akıncı, además de constituir empresas conjuntas de producción en el extranjero (por ejemplo, en Ucrania). La expansión ha sido espectacular: en los primeros meses de 2025, los sistemas Bayraktar acumulaban más de 400.000 horas de vuelo en todo el mundo, y las ventas turcas de drones de Baykar superaban a las de Estados Unidos, Israel y China. El Gobierno de Erdoğan exhibe estos registros con estruendo como prueba de la independencia tecnológica de Turquía, y el sector de los drones se convierte en una cuestión de prestigio nacional.

Esta transformación de la industria de defensa turca coincidió con las purgas políticas en la cúpula militar tradicional. Después de 2016, Erdoğan y el AKP marginaron a los generales laicistas que durante años habían controlado la seguridad nacional, lo que afianzó aún más la autoridad presidencial sobre las adquisiciones. [3] Hoy, estas fábricas de nueva generación operan con escasa interferencia o resistencia: Baykar, el programa de drones, es oficialmente tabú para la crítica en los medios turcos. En el relato de Erdoğan, el programa de drones no es solo una fuente de ingresos, sino la validación de una ciencia turca «autóctona» y «de raíz musulmana». Las fábricas y los campos de pruebas de Baykar se han convertido en iconos nacionales, cubiertos por los medios e incluso celebrados en los libros de texto. La proliferación de la producción de drones en Turquía —con frecuencia a través de conglomerados vinculados a familias— pone de relieve hasta qué punto el complejo militar-tecnológico se ha entrelazado con el régimen político.

Drones en el campo de batalla: la intervención en la práctica

Los UAV militares turcos no se han quedado en la condición de símbolo doméstico. Desde mediados de la década de 2010, los drones Bayraktar TB2 y sus derivados se han desplegado activamente en varios teatros, alterando con frecuencia la dinámica de los conflictos en favor de Turquía. Los drones turcos se han empleado en escenarios remotos, pero algunos de los casos de uso más significativos han sido las intervenciones y las guerras por delegación del Gobierno en Libia, Siria y el Cáucaso. En Libia, Turquía intervino militarmente en 2019–2020 en favor del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Trípoli, reconocido por la ONU, frente al líder rival del Ejército Nacional Libio (LNA), Jalifa Haftar. Erdoğan envió una combinación de soldados turcos, milicianos sirios y armamento avanzado: ante todo, drones Bayraktar y misiles de defensa aérea. El TB2 desempeñó un papel decisivo: destruyó artillería y carros de combate del LNA con ataques de misiles y rompió el asedio de Haftar a Trípoli. Los drones turcos dieron tiempo al GNA para reagruparse hasta que se negoció un alto el fuego bajo los auspicios de la ONU. A mediados de 2020, la intervención turca revirtió los avances de Haftar y propició victorias del GNA que acabaron forzando una solución negociada políticamente. En Libia, los drones Bayraktar se convirtieron así, de hecho, en la punta de lanza de Ankara, al permitir que un despliegue militar turco modesto ejerciera una influencia desproporcionada. [4]

En Siria y el norte de Irak, Turquía ha empleado sus UAV en una serie de ataques transfronterizos contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y las fuerzas aliadas (las YPG/FDS kurdosirias) y, en menor medida, contra combatientes supervivientes del Estado Islámico. A partir aproximadamente de 2016, los drones turcos realizaron intensos vuelos de vigilancia y ataque a lo largo de la frontera iraquí y en el noreste de Siria. En 2019–2020, Turquía llevó a cabo incursiones masivas (operaciones Rama de Olivo, Manantial de Paz, Escudo de Primavera, etc.) para expulsar a los elementos kurdosirios de la frontera turca y crear «zonas seguras». Los drones Bayraktar atacaron puestos avanzados kurdos y posiciones defensivas atrincheradas, e incluso golpearon células del EI. Estos ataques desmoralizaron a las fuerzas milicianas kurdas y facilitaron el avance de los rebeldes respaldados por Turquía. En 2020, Turquía también utilizó drones para proteger sus intereses en la provincia de Idlib: cuando el régimen sirio (apoyado por Rusia) lanzó una ofensiva en primavera, los TB2 turcos ametrallaron columnas en avance y baterías de misiles, mellando el asalto. Los drones turcos en Siria también dificultaron los planes estadounidenses, al atacar al principal aliado local de Washington (las FDS/YPG). En conjunto, los drones de Turquía fueron centrales en su esfuerzo sostenido por rehacer el norte de Siria e impedir cualquier enclave bajo control kurdo en su frontera.

Otro ejemplo paradigmático de la diplomacia turca de los drones fue la guerra de 2020 entre Armenia y Azerbaiyán por Nagorno Karabaj. Turquía apoyó a Bakú con vigor, suministró a su aliado cientos de Bayraktar TB2 y entrenó a pilotos azerbaiyanos. El resultado fue un triunfo militar azerbaiyano completo. Los drones turcos persiguieron a las fuerzas acorazadas armenias, las defensas antiaéreas y las concentraciones de tropas por todo el territorio en disputa. Las imágenes y los testimonios mostraron carros de combate y lanzacohetes armenios destruidos desde el aire. Esta dominación aérea mediante aeronaves no tripuladas alteró la guerra moderna en la región de forma tan concluyente que los analistas afirmaron que había transformado radicalmente la faz de la guerra. El conflicto concluyó con una nueva tregua marcadamente inclinada a favor de Azerbaiyán, que le permitió reocupar la mayor parte del territorio en disputa. Los Bayraktar TB2 proporcionaron así a Turquía un multiplicador de fuerza que le permitió remodelar el Cáucaso Sur —una región largamente arraigada en los vínculos históricos otomanos— en sus propios términos. [5]

Al margen de estos conflictos emblemáticos, los drones turcos han aparecido también en otras guerras. Han asistido a milicias respaldadas por Turquía en Libia y Somalia y se han exportado a Argelia, Túnez y países del norte de África. El ejército de Ucrania empleó drones Bayraktar con cierto éxito para contener la invasión rusa, y en 2024 Turquía llegó a contratar la construcción de una planta de ensamblaje de drones en Ucrania. En 2021–2022, Etiopía importó TB2 para emplearlos en su guerra civil. Reuters y otros medios informaron de que las fuerzas pakistaníes utilizaron drones turcos en una escaramuza con la India (el primer uso de UAV turcos en el sur de Asia). En todos los casos, los TB2 y drones similares impresionaron por su capacidad de golpear objetivos a distancia de seguridad y operar durante largas horas. Un rasgo notable es que los drones Bayraktar pueden merodear sobre los campos de batalla durante un día o más, transmitiendo imágenes en tiempo real a los mandos y lanzando munición guiada de forma autónoma.

Los políticos turcos celebran estas victorias. Como Erdoğan recuerda con frecuencia, los drones Bayraktar son un «arma nacional» capaz de destruir defensas antimisiles y aeronaves desde el aire. [6] Dentro del país, el relato es que un humilde dron turco con su «bandera blanca» (el logotipo de Baykar) destruyó carros de combate y helicópteros en bases enemigas, algo que incluso a Estados Unidos le costaría lograr. De hecho, durante el conflicto de Ucrania, incluso gobiernos y voluntarios extranjeros han recurrido a la financiación colectiva para comprar drones Bayraktar destinados a Ucrania por unos 5 millones de dólares cada uno. Relatos así refuerzan la manera en que Ankara comercializa el programa de drones como prueba de que las «mentes musulmanas» pueden innovar más que las grandes potencias convencionales.

Ideología islamista y ambiciones neootomanas

Las capacidades turcas en materia de drones no son un fenómeno aislado; forman parte de una estrategia más amplia del presidente Erdoğan para combinar nacionalismo, islam político y nostalgia otomana. Según los analistas, la política exterior de Erdoğan se ha alejado con rotundidad del kemalismo laico para acercarse a una «ambiciosa visión islamista y neootomana». Erdoğan invoca símbolos y recuerdos de la era otomana en sus discursos y en su retórica para movilizar a un electorado panturco y panislámico. En un célebre discurso de victoria electoral en 2011 aludió a ciudades otrora sometidas al dominio otomano —Sarajevo, Beirut, Damasco, Ramala, Jerusalén— y aseguró que «se beneficiarían» del ascenso de Turquía. Esta retórica no es mera verborrea. Esboza una agenda ideológica de revitalización de Turquía como potencia hegemónica regional del mundo musulmán y emancipadora del patrocinio occidental. [7]

El propio Erdoğan procede de la política islamista (el AKP hunde sus raíces en el islamista Partido del Bienestar) y, durante su mandato, la identidad turca se ha entrelazado más estrechamente con temas islámicos y otomanos. Ha reabierto como mezquita el museo de Santa Sofía, históricamente clausurado como tal, ha promovido a Turquía como guardiana de los palestinos y de otros musulmanes y ha fomentado alianzas con fuerzas islamistas suníes en todo el mundo. Un comentario reciente de The Jerusalem Post se refiere al grupo de Erdoğan como una «versión turca de los Hermanos Musulmanes, un movimiento radical antioccidental», lo que subraya cuán profundas son estas corrientes. En política exterior, esto se traduce en apoyo a gobiernos o movimientos liderados por islamistas afines, oposición a gobiernos militares laicos (por ejemplo, Egipto después de 2013) y en la determinación, sin ambages, de seguir trayectorias independientes incluso cuando chocan con los aliados de la OTAN o de la UE. Por ejemplo, el acuerdo de Turquía con el GNA de Libia se presentó como un posicionamiento en favor de un régimen «legítimo» de liderazgo musulmán frente a un señor de la guerra laico respaldado por Occidente.

Los drones encajan en esta mezcla al cumplir funciones tanto instrumentales como propagandísticas. Instrumentalmente, los UAV permiten a Turquía intervenir en países de mayoría musulmana con pocas «botas sobre el terreno», lo que reduce las bajas entre parientes religiosos o étnicos. El enfoque de la guerra digital puede venderse en el plano interno como una herramienta contemporánea para proteger los intereses musulmanes. Ideológicamente, el éxito de los UAV alimenta el orgullo doméstico turco: cada éxito se presenta como una victoria de la creatividad turca y de una identidad islámica. Erdoğan y sus partidarios suelen subrayar que estas armas están «hechas en Turquía» por ingenieros musulmanes, una comparación sutil con el armamento de fabricación occidental. En la práctica, la revolución de los drones forma parte de la retórica de Erdoğan sobre un «salto tecnológico nacional» (milli teknoloji hamlesi) que llevará a Turquía al lugar que le corresponde en el mundo islámico. [8]

Este giro neootomano tiene también aspiraciones regionales. La estrategia naval turca concibe ya abiertamente el dominio del Egeo y del Mediterráneo oriental (la idea de Mavi Vatan o «Patria Azul»). El control de las rutas energéticas y marítimas va de la mano del activismo militar en antiguos dominios otomanos: el Levante, el Cáucaso, el norte de África. Los drones hacen además asequibles tales ambiciones: una docena de TB2 y unos pocos asesores pueden sustituir a un gran ejército terrestre o a una flota. En Libia, Turquía llegó a invocar la historia al bautizar a su fuerza expedicionaria libia con el nombre de Omar al-Mukhtar (el guerrero anticolonial libio), presentando su intervención como solidaridad antiimperialista y no como conquista. Esta presentación ideológica —que conecta la herencia otomana con la solidaridad islamista actual— es un motivo recurrente. En resumen, la Turquía de Erdoğan ve en la tecnología militar contemporánea, como los drones, un facilitador de una gran estrategia inspirada por el islamismo.

Alianzas en armas: redes islamistas y asociaciones estratégicas

La capacidad turca en materia de drones no es apolítica; va acompañada de una tradición igualmente ideológica de alianzas y delegados. La Administración de Erdoğan ha establecido una alianza estratégica entre su estamento militar y una constelación de fuerzas islamistas de mentalidad similar. El aliado más conocido es Qatar. La familia gobernante de Doha, que financió el ascenso de Erdoğan en medio de sus tribulaciones económicas de la década de 2010, comparte con Ankara una política de poder blando consistente en respaldar a los Hermanos Musulmanes y a las fuerzas islamistas a escala regional. Qatar se convirtió en uno de los primerísimos clientes internacionales de Baykar; su opulento aparato militar compró Bayraktar TB2 y paquetes de instrucción. A cambio, Turquía concedió a Doha instalaciones de adiestramiento militar y asistencia logística. Juntos prestaron apoyo a sus amigos. Turquía protegió a Qatar en la crisis del Golfo de 2017, y Qatar invirtió fondos en Gaza y Siria a través de conductos turcos. Esta «alianza suní» turco-catarí apoyó a Hamás, a las franquicias de los Hermanos Musulmanes en Libia y Túnez y a elementos islamistas sirios. The Jerusalem Post señala que Qatar «es un apoyo de larga data de las actividades de los Hermanos Musulmanes en todo el mundo» y que los motivos de Turquía se ven «potenciados por la generosidad económica de Qatar». En realidad, los drones de Baykar y los petrodólares cataríes se han convertido en palancas gemelas que impulsan agendas islamistas.

Turquía también se alineó abiertamente con algunos militantes más allá de las monarquías tradicionales de Oriente Medio. Erdoğan invitó durante años a dirigentes de Hamás a Turquía, ofreciéndoles cobertura política y una base de operaciones. Los responsables de Hamás han establecido Estambul como segundo cuartel general, donde celebran ruedas de prensa y recaudan fondos sin presión israelí. Los mandos militares y de inteligencia turcos mantuvieron contacto durante años con el grupo de Gaza. A su vez, ONG turcas han cooperado con partidos afines a los Hermanos Musulmanes en Egipto (antes de la represión de Sisi) y con Ennahda en Túnez (en particular tras la Primavera Árabe). En Libia, Turquía se convirtió en patrona de las milicias del GNA, la mayoría de las cuales procedían de los Hermanos Musulmanes libios o se apoyaban en ellos. Como señala un informe de un centro de análisis israelí (Dado Center), la estrategia libia de Ankara se ejecutó claramente «al amparo de la relación de Ankara con los Hermanos Musulmanes». Ello implicó suministrar armas (incluidos drones) y combatientes a milicias alineadas con el GNA, mientras las potencias occidentales pedían la salida de todos los combatientes extranjeros. Durante la guerra civil siria hubo algunos indicios de que entre los rebeldes respaldados por Turquía había islamistas de línea dura (desde Ahrar al-Sham hasta HTS) que convivían entre sí en las operaciones. El patrocinio turco había ayudado a que esos grupos subsistieran como colchón frente a Asad y las fuerzas kurdas. [9]

Según diversos informes, Ankara ha facilitado redes que transfieren dinero desde Irán a operaciones libanesas controladas por Hezbolá, y algunas ONG turcas mantienen contactos en Irán con fines comerciales. La colaboración de Ankara con Irán (por ejemplo, en materia de espacio aéreo o de coordinación de fuerzas interpuestas en Irak y Siria) ha sido señalada como motivo de inquietud en capitales como Riad y Tel Aviv. Un alto cargo israelí advirtió de que la combinación turca de islamismo y nacionalismo convierte al país en «una amenaza mayor que Irán», puesto que puede atravesar las líneas de fractura entre suníes y chiíes y organizar la solidaridad islamista. En la práctica, Turquía ya ha vendido drones a diversos Estados no occidentales —Argelia, Pakistán, Malasia—, ampliando el círculo de influencia de sus exportaciones de tecnología militar. Con estas alianzas, los drones turcos han desfilado incluso en paradas y exhibiciones aéreas desde Islamabad hasta Trípoli, difundiendo un mensaje nítido: las capacidades militares turcas están en alquiler para quienes puedan corresponder a su afinidad estratégica o ideológica.

El período de Erdoğan ha presenciado la convergencia entre la industria de defensa turca y una política exterior islamista. Los drones de alta tecnología son, a la vez, una baza diplomática y un multiplicador de fuerza para fuerzas interpuestas vinculadas al islamismo. Lo observamos en contratos armamentísticos sinérgicos (por ejemplo, Baykar cerrando acuerdos con Pakistán y Qatar), en grupos mercenarios (combatientes sirios trasladados a través de Turquía hacia Libia) y en el comercio de tecnología (incluso se iniciaron conversaciones para fabricar conjuntamente los TB2 con Egipto tras la normalización de relaciones). [10] Para los movimientos antioccidentales e islamistas, los drones turcos aportan un respaldo de vanguardia; para Baykar y sus patrocinadores, atender a esos clientes asegura una mayor presencia en el mercado global y profundidad estratégica. Esta asociación estratégica complica el orden regional: refuerza a las milicias en Libia, apoya a Hamás en Gaza e incluso conecta a Turquía con grupos islamistas en Europa a través de las redes de la diáspora. Y en su centro está siempre la idea de que los drones, inventados por «ingenieros musulmanes», como insiste la propaganda turca, dan fuerza a una suerte de resistencia panislámica frente a la hegemonía occidental.

Impacto regional y desafíos para Estados Unidos

El enfoque intervencionista de Turquía —que mezcla ideología islamista con drones avanzados— está redefiniendo dinámicas regionales que afectan directamente a los intereses estadounidenses.

Turquía sigue siendo miembro de la OTAN, con el segundo ejército más numeroso de la organización, pero sus actuaciones chocan con frecuencia con otros aliados y con la agenda estratégica de Estados Unidos. Los drones y los despliegues militares turcos se han convertido en un factor impredecible en escenarios donde Estados Unidos ha sido durante mucho tiempo el garante de la seguridad. [11] En el Mediterráneo oriental, la asertividad turca pone en peligro un equilibrio regional precario. Las labores de exploración y las reivindicaciones marítimas de Ankara (acompañadas de acciones militares) provocan a Grecia, Chipre e Israel, todos ellos aliados de Estados Unidos. El acuerdo naval de 2019 con Trípoli creó de facto una vasta zona marítima que ignoraba los intereses griegos y chipriotas e indignó a los aliados de la UE. Los drones turcos se han empleado para patrullar y realizar maniobras en el espacio aéreo chipriota, lo que aumenta el riesgo de incidentes con las patrullas navales respaldadas por la UE. Esto erosiona la capacidad de influencia de Estados Unidos: Washington ha fomentado alianzas con Grecia, Chipre, Israel y Egipto para asegurar los hidrocarburos del Mediterráneo oriental y frenar a Irán y Rusia. Las provocaciones turcas respaldadas por drones en esas aguas someten a nueva tensión la cohesión de la OTAN y obligan a Washington a mediar una y otra vez entre Atenas y Ankara para evitar una crisis. [12]

En Oriente Medio, los movimientos de Ankara contrapesan los intereses estadounidenses y regionales. Estados Unidos buscó durante mucho tiempo relaciones estables con Egipto, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí e Israel como contrapeso frente a Irán y al extremismo yihadista. El apoyo turco a Qatar y a los Hermanos Musulmanes configuró un eje suní paralelo que a menudo frustró esos objetivos. Incluso cuando Egipto se acercaba a Grecia e Israel frente a los designios regionales de Turquía, Ankara ha respondido respaldando bloques islamistas y refugios seguros que se oponen a las agendas egipcia y emiratí (por ejemplo, acogiendo en su territorio a ideólogos de los Hermanos Musulmanes). En Siria, la política estadounidense ha consistido con demasiada frecuencia en apuntalar las zonas controladas por las tropas de las FDS lideradas por los kurdos, pero Turquía considera terroristas a esas tropas y las ha atacado repetidamente, llegando incluso a expulsar a Estados Unidos de determinadas franjas fronterizas. [13] El efecto neto es que un aliado de Estados Unidos —Turquía— emplea material de vanguardia de un modo que dificulta la lucha estadounidense contra el extremismo. De igual forma, en Libia, el respaldo turco a un determinado bando garantizó en la práctica la supervivencia de un gobierno al que muchas potencias árabes del Golfo se habían opuesto (y que algunos intereses occidentales tampoco apoyaban de forma activa).

La orientación de Turquía hacia Rusia y otros países no occidentales también inquieta a Washington. La adquisición turca del sistema ruso de defensa antimisiles S-400 provocó su expulsión del programa F-35 y tensó las relaciones con el Pentágono. Pero, mientras Ankara reivindica su autonomía, sigue aprovechando su pertenencia a la OTAN —acogiendo a tropas estadounidenses en la base aérea de Incirlik y mostrándose supuestamente dispuesta a sancionar a Irán— al tiempo que practica políticas que el Pentágono aborrece (como permitir la entrada en Siria de milicias respaldadas por Irán para combatir a las fuerzas estadounidenses). El juego de equilibrios de Erdoğan —cortejando la Franja y la Ruta de China e incorporándose como socio de diálogo a la Organización de Cooperación de Shanghái, auspiciada por Moscú— advierte a los responsables políticos estadounidenses de que Turquía puede estar alejándose de Occidente. En el mar Negro y en el resto del mundo, la expansión de las exportaciones de armas turcas le ayuda a ganar nuevos amigos (Ucrania, Pakistán) a expensas de Estados Unidos. [14]

El reto para Estados Unidos consiste en cómo reaccionar sin debilitar a la OTAN y a las instituciones de la alianza. Las tropas estadounidenses en Europa y el Mediterráneo deben tener ahora en cuenta a los drones turcos en consideraciones que antes se habrían considerado improbables. Los aliados de Oriente Medio observan cómo la concentración estadounidense en Irán y Rusia amplía el margen de maniobra de Ankara. En el plano interno, los responsables políticos de Washington sufren la presión de sectores alarmados por el giro islamista de Turquía. Las audiencias en el Congreso han puesto en primer plano el apoyo turco a Hamás y Hezbolá, lo que ha generado propuestas para sancionar a los actores turcos implicados. El cuadro es el de una nación que ya no es simplemente un «buen aliado» dentro del sistema liderado por Estados Unidos, pero tampoco es en absoluto un enemigo. Es más bien un aliado veleidoso —militarmente poderoso, políticamente volátil— dotado de drones que confieren a su política exterior un filo. [15]

Conclusiones principales

•El auge turco de los drones es real y significativo: en pocos años, Turquía ha construido un sector de vehículos aéreos no tripulados competitivo a escala global. Los drones de ataque Bayraktar TB2 y variantes más avanzadas han dado a Ankara la capacidad de golpear muy lejos de sus fronteras a un coste relativamente bajo. [16] Turquía vende hoy esta tecnología de forma extensiva y domina el mercado internacional de drones armados.

•Turquía ha facilitado el aventurerismo militar: los drones turcos desempeñaron un papel relevante en la alteración de la dinámica de guerras desde Libia hasta Nagorno Karabaj. Multiplican la potencia de fuego turca allí donde Ankara ha intervenido, destruyendo defensas hostiles, cortando líneas de suministro y respaldando a fuerzas interpuestas afines. En todos los casos, los ataques con drones han sido un multiplicador de fuerza que incrementa la capacidad de influencia de Turquía sin necesidad de despliegues masivos de tropas.

•La importancia de los factores ideológicos e identitarios: el gobierno de Erdoğan atribuye sus victorias con drones a un relato general de unidad islámica y renacimiento otomano. Los sofisticados vehículos aéreos no tripulados se celebran como productos de la «tecnología musulmana», capaces de medirse con el armamento occidental convencional. Esto refuerza el acercamiento de Ankara a las fuerzas islamistas más allá de sus fronteras y alimenta la propaganda en el interior. [17] La iniciativa de los drones tiene tanto que ver con el orgullo y la identidad como con la fuerza militar.

•Las exportaciones de defensa turcas fluyen hacia fuerzas alineadas con el islamismo: los drones y el armamento turcos acaban de forma sistemática en manos de gobiernos y fuerzas que comparten la perspectiva política de Ankara. Aliados como Qatar y Pakistán, socios en conflictos como el GNA libio o el Hamás palestino, e incluso misiones en lugares como los frentes islamistas sirios, han recibido la ayuda de las armas turcas. [18] También se ha acusado a Turquía de apoyar la financiación de Hezbolá y de cooperar con Irán en determinados asuntos de seguridad, lo que demuestra que sus acuerdos se extienden a círculos abiertamente antioccidentales.

•Los intereses estadounidenses se enfrentan a vientos estratégicos en contra: el uso beligerante de los drones por parte de Turquía complica la tarea defensiva de Estados Unidos. Incrementa las tensiones en la OTAN, tensa la diplomacia con aliados esenciales de Oriente Medio y refuerza a ejércitos y milicias que a veces se oponen a los objetivos estadounidenses. Los drones turcos se han dirigido contra combatientes respaldados por Occidente y han eliminado objetivos destinados a contener al Estado Islámico o a Irán. [19] Sin contención, el nuevo modelo turco —que casa la política islamista con la alta tecnología militar— amenaza con alterar los equilibrios en el Levante, el Mediterráneo oriental y el norte de África de formas contrarias a la política estadounidense.

Recomendaciones de política

•Reforzar la asistencia a los aliados regionales: intensificar la cooperación en materia de seguridad con los aliados estadounidenses más expuestos a la conducta turca. Esto implica ampliar las capacidades militares de Grecia, Chipre, Israel y Egipto mediante maniobras y transferencias de armas (por ejemplo, baterías de misiles Patriot o drones occidentales). Aumentar la presencia naval y aérea en el Mediterráneo oriental para contrarrestar la intimidación turca. [20] Asegurarse de que los aliados árabes del Golfo dispongan de alternativas al armamento turco; por ejemplo, proporcionar tecnología de drones estadounidense o europea a países como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos para contrapesar las ventas de Bayraktar.

•Regular la proliferación de drones y las contramedidas: coordinarse con la OTAN y con los regímenes de control de exportaciones para limitar la difusión de tecnología sensible de drones hacia zonas de conflicto y posibles competidores. Promover defensas antidrón (como la guerra electrónica y los interceptores cinéticos) en las fuerzas estadounidenses y aliadas. Invertir en el desarrollo estadounidense de vehículos aéreos no tripulados de nueva generación [21] (municiones merodeadoras, drones de largo alcance) para mantener la ventaja tecnológica. Fomentar el intercambio de inteligencia sobre los despliegues de drones turcos para mejorar la conciencia situacional entre los socios.

• Aprovechar las vías de la alianza y las sanciones cuando sea viable: utilizar las plataformas de la OTAN para criticar públicamente las discrepancias de Turquía (por ejemplo, protestar por los ataques no tripulados que frustran los objetivos de la coalición). Vincular la ayuda o las ventas militares estadounidenses (como la modernización de los F-16) a los avances en objetivos comunes; exigir esfuerzos turcos contra Hamás, Hezbolá u otros grupos incluidos en las listas; o condicionar la futura colaboración armamentística a la conformidad con la política de la OTAN. [22] Cuando se produzcan infracciones (como la financiación de fuerzas interpuestas iraníes), valorar sanciones selectivas contra las entidades facilitadoras para imponer un coste real a las dudosas transacciones de Ankara.

• Comprometer a Turquía diplomáticamente, pero preservar los principios: mantener el diálogo con Ankara en ámbitos de interés común (lucha antiterrorista contra el Estado Islámico, vínculos económicos, modernización de la OTAN) para mantener a Turquía anclada en la órbita occidental. Simultáneamente, reafirmar públicamente las posiciones estadounidenses sobre el derecho internacional para contrarrestar las acciones unilaterales turcas (por ejemplo, las patrullas frente a Chipre, las fronteras marítimas en disputa). Invitar a los aliados de la UE a incluir las cuestiones de derechos humanos y Estado de derecho en las relaciones UE-Turquía, de modo que la deriva turca no pase inadvertida. [23] Ofrecer apoyo a la sociedad civil y a las fuerzas moderadas dentro de Turquía mediante intercambios culturales y educativos, dejando claro que la implicación estadounidense valora la prosperidad de Turquía como democracia estable.

•La coordinación de países afines: formar alianzas dentro de la región contra la influencia desestabilizadora de la guerra unilateral con drones. Por ejemplo, unir fuerzas con Egipto, Francia y otros en iniciativas diplomáticas para contener a los combatientes extranjeros en Libia. Coordinarse con el Consejo de Cooperación del Golfo para alinear su planificación de seguridad y reducir la dependencia de un único proveedor. [24] Asimismo, implicar a actores de peso como Rusia y China para transmitir que el despliegue turco de sofisticados vehículos aéreos no tripulados puede alimentar guerras (por ejemplo, en Siria y Libia) y debería regularse de forma conjunta.

•Impulsar opciones no militares siempre que sea posible: dado que el modelo turco se basa en la retórica de ser el defensor de las causas musulmanas, Estados Unidos puede responder a esa ideología de mala fe con una asistencia abierta. Incrementar el apoyo a las iniciativas de reconstrucción y gobernanza en zonas posconflicto (Libia, Siria, Gaza), poniendo el acento en instituciones pluralistas. [25] Demostrar que los países de mayoría musulmana pueden prosperar con una política inclusiva y no ideológica y disminuir así el atractivo de Turquía como único protector de los intereses musulmanes.

Combinando estas estrategias de garantías de seguridad a los amigos, restricciones a la exportación, diplomacia basada en principios y contrapesos ideacionales, Washington puede empezar a contrarrestar el poder creciente de Turquía. El complejo de drones turco y su activismo teñido de islamismo no pueden revertirse, pero Estados Unidos sí puede configurar el contexto para que no alteren por sí solos el orden regional. La era del intervencionismo mediante drones exige una respuesta política franca: una que diseccione tanto la tecnología dura en el campo de batalla como la ideología blanda que hay detrás, con el fin de salvaguardar los intereses estadounidenses y de sus aliados.

Mohammad Taha Ali es investigador y posee un máster en Análisis de Conflictos y Construcción de la Paz. Su trabajo examina la intersección entre ideología y estrategia en Oriente Medio, con especial atención a la cambiante autonomía estratégica de los Estados de la región. Escribe sobre cuestiones de seguridad, rivalidades regionales y la influencia de la autoridad clerical en la formulación de la política estatal.

1 Sibel Düz, «The Ascension of Turkey as a Drone Power: History, Strategy, and Geopolitical Implications», SETA Analysis, 3 de julio de 2020, https://www.setav.org/en/the-ascension-of-turkey-as-a-drone-power/

2 Can Kasapoğlu, «Techno‑Geopolitics and the Turkish Way of Drone Warfare», Atlantic Council Issue Brief, marzo de 2022.

3 Çağlar Kurç, «Between Defence Autarky and Dependency: The Dynamics of Turkish Defence Industrialization», Defence Studies 17, n.º 3 (2017): 260–81.

4 Hüseyin Bağcı y Çağlar Kurç, «Turkey’s Strategic Choice: Buy or Make Weapons?», Defence Studies 17, n.º 1 (2017): 38–62.

5 Brendon J. Cannon, «Turkey’s Military Strategy in Africa», en Turkey in Africa: A New Emerging Power?, eds. Elem Eyrice Tepeciklioğlu y Ali Onur Tepeciklioğlu (Routledge, 2021).

6 Kareem Fahim, «Turkey’s Military Campaign Beyond Its Borders Is Powered by Homemade Armed Drones», Washington Post, 30 de noviembre de 2020.

7 Laura Pitel, «Turkey’s Armed Drones Bolster Erdogan’s Hard‑Power Tactics», Financial Times, 8 de octubre de 2020.

8 Raphael D. Marcus, «Learning “Under Fire”: Israel’s Improvised Military Adaptation to Hamas Tunnel Warfare», Journal of Strategic Studies 42, n.os 3–4 (2019): 344–370.

9 Edward J. Erickson, «Turkey as Regional Hegemon—2014: Strategic Implications for the United States», Turkish Studies 5, n.º 3 (2004): 25–45.

10 E. C. Hay Yanarocak, «Turkey’s Giant Leap: Unmanned Aerial Vehicles», Turkey Scope 4, n.º 6 (2020): 1–12.

11 El conflicto de Nagorno Karabaj se menciona en Alex Gatopoulos, «The Nagorno‑Karabakh Conflict Is Ushering in a New Age of Warfare», Al Jazeera, 11 de octubre de 2020.

12 Glenn D. Hook, Militarization and Demilitarization in Contemporary Japan (Routledge, 2003).

13 Ash Rossiter, «Turkey’s Path to Drone Power», TRENDS Research & Advisory, 8 de diciembre de 2021,

14 Özgür Özdamar y Devlen Balkan, «Man vs. the System: Turkish Foreign Policy After the Arab Uprisings», en Fear and Uncertainty in Europe: The Return to Realism?, eds. Roberto Belloni, Vincent Della Sala y Paul Viotti (Springer, 2019).

15 Ash Rossiter y Brendon J. Cannon, «Turkey’s Rise as a Drone Power: Trial by Fire», Defence & Security Analysis (2022): 1–20.

16 Diğdem Soyaltin‑Collela y Tolga Demiryol, «Unusual Middle‑Power Activism and Regime Survival: Turkey’s Drone Warfare and Its Regime‑Boosting Effects», Third World Quarterly 43, n.º 8 (2022): 1542–1560.

17 Bruno Oliveira Martins, Pinar Tank y Beste Işleyen, «Drone Diplomacy: How Turkish Military‑Tech Exports Shape Islamist Soft Power», Globalizations 20, n.º 4 (2023): 587–606.

18 Binnaz Toprak, «Islam and the Secular State in Turkey», en Turkey: Political, Social, and Economic Challenges in the 1990s, eds. Çiğdem Balım et al. (Brill, 1995).

19 Soyaltin‑Collela y Demiryol, «Unusual Middle‑Power Activism».

20 Martins, Tank e Işleyen, «Drone Diplomacy».

21 Dominika Kunertova, «Drones Have Boots: Learning from Russia’s War in Ukraine», Security Dialogue 54, n.º 3 (2023): 225–244.

22 Cihan Tuğal, «Islamism as Religio‑Moral Populism in Turkey», Comparative Studies in Society and History 44, n.º 4 (2002): 693–722.

23 Aslı Ege, «Foreign Policy as a Means of the AKP’s Struggle with Kemalism in Relation to Domestic Variables», Turkish Studies 23, n.º 4 (2022): 554–575.

24 Kurç, «Between Defence, Autarky, and Dependency».

25 Cihan Tuğal, «Islamism in Turkey: Beyond Instrument and Meaning», Sociological Theory 21, n.º 4 (2003): 406–436.

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