El vínculo de Irán con Al Qaeda: las pruebas de la Comisión del 11-S
Aunque el informe del Departamento de Estado Patterns of Global Terrorism — 2003 [1] calificó a Irán como «el patrocinador estatal del terrorismo más activo en 2003», la administración Bush aún no ha logrado consensuar una directiva presidencial de seguridad nacional que defina la política de Estados Unidos hacia la República Islámica. [2] Mientras tanto, Teherán sigue acercándose a la capacidad nuclear. [3]
A continuación se recogen extractos del Informe de la Comisión del 11-S, cuya versión no clasificada se hizo pública el 22 de julio de 2004. [4] La comisión entrevistó a más de 1.000 personas en diez países y llevó a cabo una revisión sin precedentes de la inteligencia estadounidense. Entre sus conclusiones, reproducidas más abajo, figuraban pruebas de una relación significativa y continuada entre Al Qaeda y la República Islámica de Irán.— Los editores
El 26 de junio de 1996, un camión bomba arrasó un complejo de apartamentos en Dhahran, Arabia Saudí, y mató a diecinueve militares estadounidenses. En 1997, The Washington Post informó de que los operativos del Hezbolá saudí sospechosos de haber perpetrado el ataque estaban vinculados al general de brigada Ahmad Sharifi, un comandante del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica. [5] De pasada, la Comisión del 11-S reiteró la probabilidad de que funcionarios iraníes desempeñaran un papel principal en el ataque contra fuerzas estadounidenses:
En junio de 1996, un enorme camión bomba detonó en el complejo residencial de las Torres Khobar, en Dhahran, Arabia Saudí, que alojaba a personal de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Diecinueve estadounidenses murieron y 372 resultaron heridos. La operación fue llevada a cabo principalmente, quizá en exclusiva, por el Hezbolá saudí, una organización que había recibido apoyo del gobierno de Irán. Si bien las pruebas de la implicación iraní son sólidas, también hay indicios de que Al Qaeda desempeñó algún papel, aún desconocido. [6]
Entre 1991 y 1996, Osama bin Laden vivió en Sudán, donde fue protegido por Hassan Abdullah at-Turabi, líder del Frente Islámico Nacional de Sudán, un movimiento islamista. Según la Comisión del 11-S, funcionarios sudaneses facilitaron encuentros entre operativos de Al Qaeda y funcionarios iraníes, una relación que prosperó hasta convertirse en adiestramiento táctico:
Turabi trató de persuadir a chiíes y suníes de dejar de lado sus divisiones y unirse contra el enemigo común. A finales de 1991 o en 1992, las conversaciones mantenidas en Sudán entre Al Qaeda y operativos iraníes condujeron a un acuerdo informal de cooperación para prestar apoyo —aunque fuera solo adiestramiento— a acciones dirigidas principalmente contra Israel y Estados Unidos. Poco después, altos operativos e instructores de Al Qaeda viajaron a Irán para recibir formación en explosivos. En el otoño de 1993, otra delegación similar se desplazó al valle de la Becá, en Líbano, para recibir más adiestramiento en explosivos, así como en inteligencia y seguridad. Según se informa, Bin Ladin mostró especial interés en aprender a utilizar camiones bomba como el que había matado a 241 marines estadounidenses en Líbano en 1983. La relación entre Al Qaeda e Irán demostró que las divisiones entre suníes y chiíes no suponían necesariamente una barrera insalvable para la cooperación en operaciones terroristas. [7]
En 1996, después de que los talibanes se hicieran con el poder, Osama bin Laden se trasladó a Afganistán, donde estableció varios campos de entrenamiento terrorista. El adiestramiento de Al Qaeda atrajo un flujo constante de jóvenes islamistas, muchos de los cuales transitaron por Irán. Aunque los funcionarios fronterizos iraníes normalmente sellan los pasaportes, hicieron una excepción con muchos terroristas de Al Qaeda. La Comisión del 11-S explicó cómo ello facilitó las operaciones de Al Qaeda:
A ciertos miembros de Al Qaeda se les encomendó organizar esquemas de recogida de pasaportes para mantener el flujo de documentos fraudulentos. Con este fin, Al Qaeda exigía a los yihadistas entregar sus pasaportes antes de ir al frente en Afganistán. Si morían, sus pasaportes se reciclaban para ser usados. El curso de adiestramiento para misiones operativas enseñaba a los operativos a falsificar documentos. También se enseñaban ciertos métodos de alteración de pasaportes, que incluían sustituir fotos y borrar y añadir sellos de viaje. Según se informa, entre los operativos circulaban manuales que explicaban la técnica para «limpiar» visados. Se informó de que Mohammed Atta [uno de los secuestradores del 11-S] y Zakariya Essabar [un miembro de Al Qaeda cuyo visado estadounidense fue denegado, lo que le impidió participar en los secuestros del 11-S] habían recibido formación en alteración de pasaportes. El propósito de todo este adiestramiento era doble: desarrollar una capacidad institucional de falsificación de documentos y permitir a los operativos hacer los ajustes necesarios sobre el terreno. Era bien sabido, por ejemplo, que si un saudí viajaba a Afganistán vía Pakistán, a su regreso a Arabia Saudí su pasaporte, con un sello paquistaní, le sería confiscado. Así que los operativos o bien borraban los visados paquistaníes de sus pasaportes o bien viajaban a través de Irán, que no estampaba visados directamente en los pasaportes. [8]
El apoyo iraní a Al Qaeda siguió aumentando, incluso mientras funcionarios de la administración Clinton trataban de tender una rama de olivo a la República Islámica. [9] La Comisión del 11-S documentó extensamente la asistencia continuada de Irán a Al Qaeda y recomendó que el gobierno estadounidense investigara más a fondo los vínculos iraníes con Al Qaeda:
Mientras estuvo en Sudán, la cúpula de Al Qaeda mantuvo contactos con Irán y con Hezbolá, la organización terrorista de alcance mundial apoyada por Irán, con base principalmente en el sur de Líbano y en Beirut. Miembros de Al Qaeda recibieron asesoramiento y adiestramiento de Hezbolá. La inteligencia indica que los contactos entre responsables de seguridad iraníes y altos dirigentes de Al Qaeda persistieron tras el regreso de Bin Ladin a Afganistán. Khallad [bin Attash, un operativo de alto nivel de Al Qaeda [10] ] ha dicho que Irán hizo un esfuerzo concertado para estrechar las relaciones con al Qaeda tras el ataque de octubre de 2000 contra el USS Cole, pero fue rechazado porque Bin Ladin no quería enemistarse con sus partidarios en Arabia Saudí. Khallad y otros detenidos han descrito la disposición de los funcionarios iraníes a facilitar el tránsito de miembros de al Qaeda por Irán, de camino a Afganistán y de vuelta. Por ejemplo, se indicaba a los inspectores fronterizos iraníes que no estamparan sellos delatores en los pasaportes de estos viajeros. Tales arreglos resultaban especialmente beneficiosos para los miembros saudíes de al Qaeda. Nuestro conocimiento de los viajes internacionales de los operativos de al Qaeda seleccionados para la operación del 11-S sigue siendo fragmentario. Pero ahora disponemos de pruebas que sugieren que entre 8 y 10 de los 14 operativos saudíes de «músculo» entraron en Irán o salieron de él entre octubre de 2000 y febrero de 2001.
En octubre de 2000, un alto operativo de Hezbolá visitó Arabia Saudí para coordinar actividades allí. También planeaba ayudar a varias personas en Arabia Saudí a viajar a Irán durante noviembre. Estuvieron implicados un alto comandante de Hezbolá y contactos del Hezbolá saudí. También en octubre de 2000, dos futuros secuestradores de «músculo», Mohand al Shehri y Hamza al Ghamdi, volaron de Irán a Kuwait. En noviembre, Ahmed al Ghamdi aparentemente voló a Beirut, viajando —quizá por casualidad— en el mismo vuelo que un alto operativo de Hezbolá. Asimismo, en noviembre, Salem al Hazmi aparentemente voló de Arabia Saudí a Beirut.
A mediados de noviembre, creemos, tres de los futuros secuestradores de «músculo», Wail al Shehri, Waleed al Shehri y Ahmed al Nami, todos los cuales habían obtenido sus visados estadounidenses a finales de octubre, viajaron en grupo de Arabia Saudí a Beirut y luego a Irán. Un asociado de un alto operativo de Hezbolá iba en el mismo vuelo que llevó a los futuros secuestradores a Irán. Responsables de Hezbolá en Beirut e Irán esperaban la llegada de un grupo durante ese mismo periodo. El viaje de este grupo era lo bastante importante como para merecer la atención de figuras destacadas de Hezbolá.
Más avanzado noviembre, dos futuros secuestradores de «músculo», Satam al Suqami y Majed Moqed, volaron a Irán desde Baréin. En febrero de 2001, Khalid al Mihdhar pudo haber tomado un vuelo de Siria a Irán y, después, haber viajado dentro de Irán hasta un punto cercano a la frontera afgana.
KSM [Khalid Sheikh Mohammed, presunto cerebro de los atentados del 11-S, actualmente bajo custodia [11] ] y [Ramzi] Binalshibh [un operativo de al Qaeda capturado en Pakistán un año después de los atentados que reconoció haber desempeñado un papel en la planificación [12] ] han confirmado que varios de los secuestradores del 11-S (al menos ocho, según Binalshibh) transitaron por Irán de camino a Afganistán o de vuelta, aprovechando la práctica iraní de no sellar los pasaportes saudíes. Niegan cualquier otro motivo para el viaje de los secuestradores a Irán. También niegan cualquier relación entre los secuestradores y Hezbolá.
En suma, hay pruebas sólidas de que Irán facilitó el tránsito de miembros de al Qaeda hacia y desde Afganistán antes del 11-S, y de que algunos de ellos eran futuros secuestradores del 11-S. También hay pruebas circunstanciales de que altos operativos de Hezbolá siguieron de cerca el viaje de algunos de estos futuros secuestradores de «músculo» a Irán en noviembre de 2000. No obstante, no podemos descartar la posibilidad de una coincidencia notable: es decir, que Hezbolá estuviera en realidad centrado en algún otro grupo de personas que viajaban desde Arabia Saudí durante ese mismo periodo, y no en los futuros secuestradores.
No hemos hallado pruebas de que Irán o Hezbolá tuvieran conocimiento de la planificación de lo que más tarde sería el atentado del 11-S. En el momento de su tránsito por Irán, es probable que los propios operativos de al Qaeda no conocieran los detalles concretos de su futura operación.
Después del 11-S, Irán y Hezbolá quisieron ocultar cualquier prueba previa de cooperación con terroristas suníes vinculados a al Qaeda. Un alto cargo de Hezbolá negó cualquier implicación de Hezbolá en el 11-S. Creemos que este asunto requiere una investigación más a fondo por parte del gobierno de Estados Unidos. [13]
[1] Patterns of Global Terrorism—2003 (Washington D. C.: Secretario de Estado y Coordinador para la Lucha Antiterrorista, Departamento de Estado de EE. UU., abril de 2004). [2] Los Angeles Times, 12 de septiembre de 2004. [3] «A Turning Point? George W. Bush, John Kerry and American Policy toward Iran», John R. Bolton, subsecretario de Estado para el control de armamento y la seguridad internacional, discurso ante el Hudson Institute, Washington D. C., 17 de agosto de 2004. [4] 9-11 Commission Report (Washington D. C.: Comisión Nacional sobre los Atentados Terroristas contra Estados Unidos, 22 de julio de 2004). [5] The Washington Post, 28 de junio de 1997. [6] «The Foundation of the New Terrorism», 9-11 Commission Report, p. 60. [7] Ibid., p. 61. [8] «Al Qaeda Aims at the American Homeland», ibid., p. 169. [9] Secretaria de Estado Madeleine K. Albright, declaraciones ante el American-Iranian Council, 17 de marzo de 2000. [10] The Christian Science Monitor, 19 de abril de 2004. [11] «Progress Report on the Global War on Terrorism», Casa Blanca, septiembre de 2003. [12] CNN.com, 17 de septiembre de 2002. [13] «The Attack Looms», 9-11 Commission Report, pp. 240-1.