Caída abrupta de la producción y las exportaciones de petróleo de Irán
Si continúa el bloqueo contra Irán, Teherán podría quedarse sin suministros de petróleo accesibles para entregar a China en el plazo de dos meses.
Dalga Khatinoglu es experto en energía y macroeconomía de Irán, e investigador en materia energética en Azerbaiyán, Asia Central y los países árabes.

Nuevos datos sobre transporte marítimo y mercados energéticos apuntan a que el sector petrolero de Irán atraviesa su mayor disrupción en años. No solo el tránsito de crudo iraní por las aguas de la región se ha paralizado de facto en las últimas seis semanas, sino que China —el único gran cliente petrolero de la República Islámica— también ha ido reduciendo de forma sostenida sus compras de crudo iraní.
Según datos de la firma de inteligencia de materias primas Kpler, las importaciones chinas de petróleo iraní se han desplomado en los últimos meses. Las entregas de mayo de 2026 bajaron un 25 por ciento frente a abril de 2026 y un 38 por ciento respecto de marzo de 2026.
Las refinerías chinas importan actualmente algo más de un millón de barriles diarios de petróleo iraní. Sin embargo, esos envíos no salen directamente de las terminales de exportación iraníes, sino de las reservas flotantes de Irán: crudo almacenado a bordo de buques tanque fondeados cerca de China, Malasia, Singapur y otras aguas asiáticas.
El almacenamiento flotante de petróleo iraní en aguas asiáticas también se ha hundido desde el inicio de la campaña estadounidense de bloqueo naval contra la República Islámica. Kpler estima que esas reservas en alta mar han caído en torno a 33 millones de barriles, lo que deja a Irán con unos 89 millones de barriles en almacenamiento flotante.
Homayoun Falakshahi, analista sénior de Kpler, advierte de que, si continúa la campaña de presión marítima contra Irán, Teherán podría quedarse sin suministros de petróleo accesibles para enviar a China en un plazo de 60 a 70 días.
Las consecuencias para la economía iraní podrían ser graves. Según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Irán exportó el año pasado aproximadamente 2 millones de barriles diarios de crudo, condensados y productos petrolíferos refinados. Por su parte, las estadísticas publicadas por el Banco Central de Irán muestran que los ingresos petroleros representaron aproximadamente el 65 por ciento del total de exportaciones del país, lo que subraya la profunda dependencia de la economía de la venta de hidrocarburos.
Al mismo tiempo, la producción petrolera de Irán cae con rapidez. Las cifras de la OPEP indican que la producción iraní de crudo en abril de 2026 descendió en 350.000 barriles diarios respecto a los niveles registrados antes del inicio de las operaciones de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica, el 28 de febrero de 2026. La producción iraní en abril de 2026 se situó en torno a 2,85 millones de barriles diarios.
Las limitaciones de la infraestructura de exportación agravan el problema. Los datos de transporte marítimo de Kpler muestran que la actividad de carga de petróleo en las terminales iraníes se ha desplomado hasta apenas 640.000 barriles diarios este mes. Con los buques tanque fondeados cerca de aguas iraníes ya casi al límite de su capacidad y las instalaciones de almacenamiento en tierra llenándose, es posible que Teherán pronto no tenga más opción que recortar aún más la producción.
En esas condiciones, Irán podría verse obligado a reducir la producción de crudo a niveles próximos al consumo interno, estimado en torno a 1,7 millones de barriles diarios. Semejante escenario supondría una de las contracciones más pronunciadas de la producción petrolera iraní desde la reimposición de las sanciones estadounidenses durante la Administración Trump.
Sin embargo, Irán no es el único proveedor de petróleo que acusa el debilitamiento de la demanda china. Las refinerías chinas han reducido de forma generalizada sus importaciones de crudo en los últimos meses, ya que los elevados precios mundiales del petróleo y la desaceleración de la actividad industrial lastran los márgenes y el consumo. Las importaciones totales de crudo de China en marzo y abril cayeron aproximadamente un 20 por ciento respecto a periodos anteriores.
Las exportaciones de petróleo ruso a China también se han visto afectadas. Los datos aduaneros chinos muestran que las importaciones de crudo ruso descendieron un 11 por ciento el mes pasado, hasta situarse en torno a 2,2 millones de barriles diarios.
Las turbulencias van más allá de los mercados energéticos. Los flujos comerciales entre China y los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo también han sufrido una alteración significativa. Antes, las exportaciones chinas a los países árabes de la región promediaban entre 13.000 y 14.000 millones de dólares al mes. No obstante, las estadísticas aduaneras chinas indican que esa cifra se redujo aproximadamente a la mitad durante marzo y abril.
El comercio no petrolero de Irán con China se ha deteriorado de forma aún más drástica. Según los datos disponibles, el intercambio bilateral ajeno a la energía se desplomó un 70 por ciento en el mismo periodo, hasta quedarse en apenas unos 200 millones de dólares mensuales.
Mientras tanto, el comercio entre China e Israel se ha expandido de manera inesperada, pese a la convulsión regional. Los datos aduaneros chinos muestran que el comercio de China con Israel el mes pasado fue aproximadamente 13 veces mayor que su comercio no petrolero con Irán. En los primeros cuatro meses de este año, las importaciones chinas procedentes de Israel se dispararon un 62 por ciento, hasta casi 5.500 millones de dólares, mientras que las exportaciones chinas a Israel también aumentaron un 4 por ciento, alcanzando un nivel similar. Las cifras ponen de relieve cómo las prioridades comerciales de Pekín en la región están cambiando, incluso cuando sus vínculos económicos con Teherán se ven sometidos a una presión creciente.