Estallan protestas en el bazar de Teherán mientras el rial se hunde a un mínimo histórico
La presión económica y militar empuja cada vez más al país hacia una grave convulsión interna, condición necesaria para el cambio.
Mardo Soghom fue periodista y responsable editorial en Radio Free Europe/Radio Liberty durante tres décadas: estuvo al frente de los servicios de Irán y Afganistán hasta 2020 y fue redactor jefe del sitio web en inglés de Iran International.

Las protestas estallaron en los bazares de Teherán el domingo 28 de diciembre de 2025, cuando la moneda iraní se desplomó más de un 7 por ciento en una sola jornada. El dólar estadounidense se disparó hasta 1,44 millones de riales, lo que paralizó de hecho la actividad minorista y mayorista en los principales mercados de la capital y perturbó el comercio entre los almacenes de Teherán y otras ciudades.
Los vídeos que circulaban por las redes sociales mostraban a comerciantes cerrando sus establecimientos y marchando por los bazares, coreando consignas como «Cerradlo todo, cerradlo todo» y «No tengáis miedo, no tengáis miedo: estamos todos juntos». A última hora de la tarde no había informaciones confirmadas de enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Los manifestantes se extendieron hacia las calles aledañas, coreando consignas y llamando al personal de seguridad a ponerse de su lado.
Las divisas extranjeras han duplicado aproximadamente su valor frente al rial a lo largo de 2025, lo que ha disparado los precios. Irán depende en gran medida de las importaciones de bienes esenciales, entre ellos el grano y los medicamentos, de modo que los precios internos son muy sensibles a las oscilaciones del tipo de cambio. Numerosos alimentos han registrado inflaciones de tres dígitos en los últimos meses.
El impacto ha sido devastador para los trabajadores corrientes. Los salarios mensuales promedian ahora apenas 100 dólares, muy por debajo del umbral de pobreza. Los organismos públicos llevan tiempo reconociendo que un hogar de 3,5 personas necesita al menos 450 dólares al mes para cubrir sus necesidades básicas. La carne y los lácteos ricos en proteínas se han vuelto, en buena medida, inasequibles para gran parte de la población.
La creciente tensión también ha tenido eco en el Parlamento. Un diputado describió la situación económica como un «frente peligroso» y advirtió: «Me refugio en Dios de la ira del pueblo».
El debate sobre el presupuesto del próximo año continuó, con altos cargos reconociendo abiertamente graves restricciones de divisas. Un subdirector de la Organización de Planificación y Presupuesto de Irán afirmó que los ingresos petroleros del Gobierno ya se habían agotado en los primeros ocho meses del año y confirmó que Teherán se ha visto obligado a recurrir al Fondo Nacional de Desarrollo para cubrir parte de sus necesidades de divisas y las importaciones de bienes esenciales.
En la misma sesión, Hossein-Ali Hajideligani, un influyente diputado, reveló que entidades vinculadas al Ministerio del Petróleo no han repatriado al país 6.700 millones de dólares en divisas procedentes de la venta de crudo. Dijo que se conocen las identidades de las empresas y personas implicadas y advirtió de que el Parlamento podría encaminarse hacia un proceso de destitución contra el ministro del Petróleo si el asunto no se resuelve. También señaló serias ambigüedades en torno a las garantías obtenidas de esas entidades.
Las tensiones económicas dominaron los intercambios parlamentarios. Hassan Samsami, miembro de la Comisión Económica, atribuyó la escasez de divisas y el desplome del rial a que muchos exportadores no petroleros no repatrían los ingresos de exportación. Los diputados chocaron por la inflación y la escalada de precios, y un representante de Dehlorán preguntó al presidente Masoud Pezeshkian si podía «oír el sonido atronador de los pasos del pueblo».
En su respuesta, Pezeshkian reconoció un grave déficit presupuestario y retó a los diputados a explicar cómo debería el Gobierno obtener los fondos necesarios para pagar los salarios del sector público.
Aunque el presidente Donald Trump anunció en febrero de 2025 la restauración de la «máxima presión» sobre Irán, Estados Unidos no ha logrado reducir drásticamente las exportaciones de petróleo iraní a China. Aun así, la presión de las sanciones, combinada con un exceso de oferta mundial de crudo, ha mermado significativamente los ingresos. Washington ha exigido a Teherán que detenga el enriquecimiento de uranio y ponga fin al apoyo a grupos armados subsidiarios en la región a cambio de un alivio de las sanciones. Pese a las reuniones cara a cara celebradas en el primer semestre del año, Irán se negó a acceder.
El bloqueo diplomático culminó en una amplia campaña aérea israelí en junio, seguida de ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes. No está claro si Washington o Israel buscan un cambio de régimen en Irán, pero la presión económica y militar combinada empuja cada vez más al país hacia una grave convulsión interna. Muchos opositores de la República Islámica creen que una presión externa sostenida es imprescindible para forzar un cambio real.