¿El fin del ayatolá de Schrödinger?
Su rango clerical no capacitaba a Mojtaba para ser Líder Supremo, pero al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica no le importó.
Michael Rubin está especializado en Irán, Turquía y el Cuerno de África. Su trayectoria incluye una etapa como funcionario del Pentágono, con experiencia sobre el terreno en Irán, Yemen e Irak, así como contactos con los talibanes antes del 11-S. Rubin también ha contribuido a la formación militar, impartiendo clases a unidades de la Marina y del Cuerpo de Marines de Estados Unidos sobre conflictos regionales y terrorismo. Su obra académica incluye varias publicaciones destacadas, como “Dancing with the Devil” y “Eternal Iran”. Rubin obtuvo su doctorado y su máster en Historia, así como una licenciatura en Biología, por la Universidad de Yale.

En 1935, el físico Erwin Schrödinger trató de trazar una analogía con la superposición cuántica al plantear lo que acabó conociéndose como el gato de Schrödinger: un gato en una caja, sostenía, podía estar vivo y muerto a la vez, según la interpretación de sus colegas Niels Bohr y Werner Heisenberg, hasta que un observador confirmara su estado. La idea le parecía problemática, pero el gato de Schrödinger se convirtió, pese a todo, en un pilar de la mecánica cuántica.
En la primera andanada del ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán, el Líder Supremo Ali Khamenei murió. La cúpula iraní se había convencido de que Estados Unidos nunca atacaría de día y, por eso, al amanecer, Khamenei y sus principales colaboradores tomaron la decisión fatal de reunirse.
El hijo de Khamenei y director de facto de su oficina, Mojtaba, al parecer salió al exterior antes de que impactaran los primeros misiles. Aunque los primeros rumores apuntaban a que él también había muerto, la información posterior indicaba que había sobrevivido. Su rango clerical no lo habilitaba para asumir el liderazgo de la República Islámica, pero al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica no le importó. Tenían un imperio empresarial de 100.000 millones de dólares que proteger y sabían que Mojtaba los protegería. De hecho, su ascenso representó un quid pro quo: liderazgo a cambio de protección.
Mojtaba, sin embargo, siguió sin dejarse ver y los rumores continuaron: que estaba muerto, en coma o recibiendo atención médica en Rusia. Aparecían comunicados a su nombre, pero a menudo con 24 horas de retraso. Algunos dentro del Gobierno iraní o próximos a él explicaban su ausencia en términos prácticos: estaba vivo y bien, aseguraban, pero no quería ser víctima de un dron o un misil. Razonable, aunque incluso cuando el difunto secretario general de Hezbolá Hassan Nasrallah era un hombre perseguido, difundía vídeos de discursos para que sus seguidores supieran que seguía vivo. The Times informó el 6 de abril de 2026 de que Mojtaba está «inconsciente y recibiendo tratamiento en Qom», citando un memorando de inteligencia según el cual es «incapaz de participar en ninguna toma de decisiones del régimen».
Poco antes del alto el fuego circuló en internet un vídeo que supuestamente mostraba a Mojtaba entrando en la sala de guerra de Irán. Lejos de disipar las dudas sobre su salud, suscitó más interrogantes, porque el vídeo parecía generado por inteligencia artificial.
Con un alto el fuego de dos semanas en vigor, la incertidumbre que rodea al ayatolá de Schrödinger debe terminar. Mojtaba no puede estar vivo y muerto a la vez: tiene que ser una cosa o la otra.
Si está vivo, tendrá que afrontar su falta de credenciales ante la clase clerical, que resiente su imposición. Si está muerto, surgen muchas más preguntas que afectan tanto a la República Islámica como a la guerra y la paz. Si Mojtaba está en coma o muerto, el régimen debe responder: ¿quién manda?
El presidente Donald Trump puede estar negociando con Mohammad-Bagher Ghalibaf, cuatro veces perdedor en las presidenciales, pero si es otra persona la que emite comunicados a nombre de Mojtaba y toma las decisiones, entonces es con esa persona con quien Trump debe negociar. Si quien manda es el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, sirviéndose de un avatar de Mojtaba, entonces Trump debe detenerse a considerar por qué negocia con un régimen asentado sobre una mentira. ¿Por qué habría de aceptar implícitamente la legitimidad del régimen más que los propios iraníes? En tal caso, le convendría más pedir un referéndum y denunciar el hecho de que, durante el último mes, el liderazgo iraní ha sido un fantasma.
Trump se considera único, pero negociar la paz y verse superado por un muerto sería un precedente que no debería asumir. Es hora de que la República Islámica diga la verdad: Mojtaba está vivo o muerto; ya no puede ser ambas cosas.