Los hutíes se preparan para entrar en la guerra
El objetivo no es el control del mar Rojo, sino perturbar el tráfico marítimo y generar una presión económica que otorgue influencia a los hutíes.
Abdulmajeed Zubah es un escritor político yemení y presidente de la Fundación Tihama para los Derechos y las Libertades (Tihama Foundation for Rights and Freedoms).

Cuando estalló la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero de 2026, los hutíes empezaron a elevar el tono en silencio, conforme a una estrategia calculada. El grupo controla la mayor parte de la costa occidental yemení de Tihama, incluidas la isla de Kamarán y los islotes circundantes, así como el puerto de Al Salif. Sus posiciones se extienden a lo largo del litoral, cerca de la línea del frente con las fuerzas gubernamentales que controlan Al Mojá, Al Jojá, y hasta el estrecho de Bab el Mandeb.
Su estrategia pasa por esperar el momento oportuno para intervenir de un modo que tenga un impacto visible en la opinión pública e influya en el curso de la guerra, en particular mediante la amenaza a las rutas marítimas comerciales y a las fuentes de energía para ejercer presión económica y política sin un enfrentamiento directo con las grandes potencias.
Los hutíes no actúan como un actor vacilante, sino como una fuerza calculada, dispuesta a intervenir pero sin enseñar sus cartas. Lo que distingue la fase actual es que los preparativos ya no se limitan a entornos militares cerrados: son parcialmente visibles para el público, lo que da cuenta de su seriedad. En las zonas bajo control hutí, en particular en Saná y a lo largo de la costa occidental de Tihama, han aparecido indicios tangibles de un estado de emergencia silencioso, entre ellos una mayor preparación hospitalaria, simulacros de protección civil y el acondicionamiento de instalaciones gubernamentales como posibles refugios, junto con manifestaciones públicas organizadas que reflejan una movilización tanto social como orgánica.
En el plano militar, los hutíes han redistribuido sus capacidades para garantizar la continuidad y reducir al mínimo las pérdidas en caso de resistir un primer golpe. Han trasladado lanzadores de misiles y drones a zonas montañosas fortificadas, especialmente en las cordilleras que dominan el mar Rojo en Al Hudayda y Hajja, incluidos los distritos de Al Luhayya y Al Zahra, así como a elevaciones costeras en retaguardia. Esas alturas dan a los hutíes visibilidad sobre el mar Rojo para facilitar el reconocimiento y la designación de objetivos y, al mismo tiempo, les ofrecen protección frente a los ataques aéreos, lo que permite que las plataformas de lanzamiento se reubiquen con rapidez. También han desplegado capacidades en emplazamientos no convencionales que no habían utilizado antes, con una dependencia mínima de las comunicaciones digitales para evitar quedar expuestos, lo que refleja su conciencia de los riesgos de ser localizados.
Tras la decapitación de la República Islámica, los hutíes han aislado a sus mandos ejecutivos y operativos, reduciendo al mínimo su exposición pública y sus desplazamientos. En paralelo, han construido una estructura de mando por capas, compuesta por tres niveles, que distribuye la toma de decisiones entre la alta dirección estratégica, el mando operativo intermedio y células de campo semiindependientes, lo que asegura la continuidad e impide un colapso sistémico rápido.
En el mar, los hutíes han concentrado su nivel de alistamiento en el puerto de Al Salif, la isla de Kamarán y los islotes circundantes, además del despliegue a lo largo de la costa occidental de Tihama, cerca de la línea del frente con las fuerzas gubernamentales. Además de minas más convencionales, el grupo está desarrollando capacidades no convencionales, entre ellas drones suicidas de bajo coste, vehículos marítimos no tripulados semejantes a pequeños torpedos, y está adoptando el concepto de ataques intensivos y sincronizados que se apoyan más en la saturación numérica que en la precisión. El objetivo no es el control total del mar Rojo, sino la perturbación del tráfico marítimo, el encarecimiento de las primas de seguros marítimos y la presión económica sobre actores internacionales, lo que otorga a los hutíes influencia estratégica. Los hutíes no limitan su atención a la acción exterior: también han lanzado operaciones internas para reforzar posiciones en Marib y Taiz.
No obstante, las capacidades hutíes tienen límites. No controlan Bab el Mandeb ni las rutas marítimas internacionales y carecen de cobertura o defensas aéreas avanzadas, lo que hace arriesgado cualquier enfrentamiento directo con la Armada estadounidense.
El escenario más probable de participación hutí será una escalada limitada e intermitente, centrada en atacar buques que transiten por los corredores marítimos mientras procuran evitar el enfrentamiento directo con las grandes potencias. Eso podría traducirse en ataques repetidos contra las rutas de navegación con embarcaciones de bajo coste y vehículos marítimos no tripulados. Una escalada más amplia dirigida contra activos estratégicos terrestres o navales es menos probable.