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Observer

¿Dónde está Mojtaba Jamenei, el nuevo líder supremo de Irán?

Elevar al cargo a un muerto resultaría inverosímil, de modo que Mojtaba Jamenei podría estar herido y oculto.

Mardo Soghom fue periodista y responsable editorial en Radio Free Europe/Radio Liberty durante tres décadas: estuvo al frente de los servicios de Irán y Afganistán hasta 2020 y fue redactor jefe del sitio web en inglés de Iran International.

A file photo of Mojtaba Khamenei.
Fotografía de archivo de Mojtaba Jamenei. · Tasnim News Agency, CC BY 4.0, via Wikimedia Commons

Ya es oficial: el hijo de Ali Jamenei ha ascendido al trono. Irán tiene un nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, de 56 años. Tras la muerte de Ali Jamenei, este es el segundo gran desenlace político de la campaña aérea conjunta de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica.

El establishment tenía otras opciones. Una era el expresidente Hassan Rouhani, un operador experimentado con cuarenta y seis años de servicio en puestos de seguridad e inteligencia y ocho años supervisando el presupuesto civil y los ministerios, aunque siempre subordinado a Jamenei y al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

Surgen varias preguntas en torno a Mojtaba Jamenei y su nombramiento como líder supremo. En primer lugar, no está claro si la Asamblea de Expertos, de ochenta y ocho miembros, llegó a reunirse alguna vez para votar en pleno su designación. Una reunión de ochenta y ocho clérigos ancianos —cuya edad media, según se dice, rozaría los noventa años— durante una campaña aérea dirigida contra la cúpula del país habría sido casi imposible. ¿Se tomó la decisión mediante algún mecanismo en línea? Incluso en ese caso, cada uno de los clérigos habría necesitado asistencia técnica simplemente para incorporarse a una reunión y emitir su voto. Queda, por tanto, la pregunta de fondo: ¿qué centros de poder y qué personas eligieron al Jamenei más joven? ¿Qué papel desempeñó en el proceso el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que mantiene estrechos vínculos con él?

En segundo lugar, ¿dónde está Mojtaba? Desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero de 2026 y la noticia de la muerte de Ali Jamenei, no ha habido indicio alguno de su paradero, ni siquiera confirmación de su estado de salud. Algunos han especulado con que pudo haber muerto en el bombardeo del complejo de su padre. Su esposa y varios parientes cercanos murieron en ese ataque. ¿Podría el régimen haber elevado a un muerto para proyectar una apariencia de estabilidad? Eso sería descabellado. Un líder supremo tiene que aparecer en público tarde o temprano, probablemente pronto, cuando se celebre un funeral oficial por Ali Jamenei. Otra posibilidad es que Mojtaba sobreviviera al bombardeo, pero resultara herido y permanezca oculto. Esto parece más plausible. Si Mojtaba estuviera sano, la tentación del régimen de exhibirlo públicamente para insuflar esperanza en las filas de sus partidarios sería enorme. Incluso un breve vídeo grabado que lo mostrara con vida —sin discurso alguno— habría demostrado que el régimen todavía tiene liderazgo.

Entretanto, los ejecutores de base del régimen pasan buena parte del tiempo en la calle, evitando edificios que puedan ser blanco desde el aire. Deambulan intimidando a los ciudadanos corrientes, blandiendo armas y gritando consignas religiosas. Más que una señal de fuerza, es una muestra de pánico. Saben que si la población inunda las calles y derriba el régimen, podrían enfrentarse a represalias por su papel en el asesinato de decenas de miles de personas.

Otra explicación para la ausencia de Mojtaba es que el establishment quiere proteger a su última esperanza de un ataque selectivo. Los responsables pueden calcular que cualquier desplazamiento, comunicación o incluso una aparición digital podría revelar su ubicación. Los búnkeres reforzados y una seguridad férrea no salvaron a su padre.

Aun así, numerosas figuras políticas y económicas del régimen han empezado a mostrar obediencia a Mojtaba ofreciéndole bay’at —un juramento islámico de lealtad a un líder. En la tradición islámica primitiva, la gente prestaba públicamente bay’at a un califa o gobernante como declaración de fidelidad y obediencia. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, fue de los primeros en hacerlo, al anunciar: «El ayatolá Seyed Mojtaba Hosseini Jamenei llevará el timón de la nave de la revolución hacia un Irán próspero, avanzado y unido». El presidente Masoud Pezeshkian también juró lealtad. La llamada ala reformista del régimen también ha empezado a alinearse, lo que reduce las posibilidades de un escenario al estilo venezolano en el que Washington pudiera respaldar a alguien del propio régimen dispuesto a ceder a las exigencias estadounidenses.

Mojtaba mantiene una sólida alianza con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que más que nunca lleva la voz cantante en Irán. Salvo que el Cuerpo sea destruido, resulta difícil imaginar que el abanderado de la ideología antioccidental y antiisraelí del régimen acepte forma alguna de rendición que pudiera abrir la puerta a un futuro incierto, un futuro que podría amenazar tanto su control del poder como sus vastos intereses económicos.

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